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Analistas 08/04/2021

El fantasma de la inflación

Narciso De la Hoz G.
Director editorial Revista Gerente

Después del covid-19, la guerra comercial, los tipos de interés, la economía china y el Brexit, en su momento, la inflación es el nuevo fantasma que asusta a Wall Street y tiene en vilo a los mercados financieros globales.

Domesticada por la globalización, los bancos centrales, la demografía y el impacto deflacionario de la tecnología, la inflación no trasnocha a los países desarrollados desde los años 70 y comienzos de los 80, cuando superó 20% en el Reino Unido y Japón y alcanzó dos dígitos en EE.UU., por el aumento en los precios del petróleo.

Paul Volcker, entonces presidente de la Reserva Federal aumentó las tasas de interés hasta 20% y su victoria sobre la inflación dio inicio a la Gran Moderación, un período con bajo desempleo y la más larga expansión económica desde la Segunda Guerra Mundial hasta la Gran Recesión (2008-2009).

De hecho, algunos la dieron por muerta y los menos optimistas afirmaron que había entrado en una especie de hibernación, cuyo fin estaría cerca por el paquete fiscal de US$1,9 billones aprobado por el Congreso norteamericano y un boom económico post pandemia. ¿Resultado? Un aumento en las expectativas inflacionarias, tal como lo reflejan el alza en las tasas de los bonos del Tesoro de 10 años hasta 1,7%, que ya le ha pegado a la deuda colombiana, y las encuestas entre los administradores de portafolios.

Ray Dalio, quien antes de la pandemia calificó el efectivo como basura, dice que invertir en bonos es estúpido, ya que los rendimientos de la renta fija son ridículamente bajos, lo cual equivale a perder dinero al descontar la inflación. Bill Gross, el ‘rey de los bonos’, también se ha posicionado contra los Tesoros y dijo que el paquete fiscal aumentará la inflación hasta 3-4% en el mediano plazo y obligará a la Fed a revisar su postura dócil.

¿Son exagerados los temores teniendo en cuenta que la variación anual del IPC en febrero fue 1,7%? El debate ha generado diferencias entre pesos pesados. Lawrence Summers, quien alguna vez dijo que una inflación moderada actuaba como un “lubricante social”, calificó la actual política macroeconómica como la “menos responsable” en cuatro décadas y señaló el riesgo de una estanflación, que obligaría a la Fed a frenar la economía.
Paul Krugman rechazó esa hipótesis. Dijo que las alarmas sobre la inflación son exageradas y señaló que los US$1.400 que recibirá cada norteamericano serán ahorrados en vez de gastados.

Kenneth Rogoff explicó que, aunque hay riesgos en el largo plazo, es poco probable un estallido súbito de la inflación, porque el aumento de los precios en las economías desarrolladas es una variable lenta, ya que años de inflación ultrabaja están arraigados en la psique de empresas y consumidores.

Menos ambiguo que algunos de sus antecesores, quizás porque no es economista, el presidente de la Fed, Jerome Powell, ha dicho que no lo asusta el fantasma de la inflación. En una de sus últimas apariciones reiteró la meta de llevarla ligeramente por encima de 2%, en promedio, y dijo que no habrá alzas en las tasas al menos hasta 2023.

A pesar de ello, el debate está abierto y la avalancha de dólares de la Fed y de gasto público seguirán dando de qué hablar y generando titulares como el de esta columna.