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Analistas 06/09/2022

La trampa del cambio

“El que entendió, ¡entendió!”, aseguró el ministro del Interior, Alfonso Prada, en su malintencionada declaración en Padilla-Cauca, haciendo alusión a la presión que el Gobierno está dispuesto a ejercer para que los congresistas le aprueben el capricho de la reforma tributaria. Inexplicable que quienes gobiernan e incendiaron el país para evitar una tributaria, hoy hagan lo mismo para aprobar la de ellos. En solo un mes desde la posesión, hemos sido testigos de la doble moral de varios funcionarios.

El Gobierno ha presentado mensaje de urgencia y pretende que se apruebe rápidamente la reforma tributaria. Es evidente que intentan evitar el debate, pues a medida que los colombianos conocen los efectos de esta reforma, hay mayor descontento. Y estas preocupaciones son legítimas, pues la tributaria de Petro aumentará la pobreza.

Asegura Fenalco que este proyecto puede llevar al cierre de 250.000 tiendas de barrio, se estima que pone en riesgo más de 2 millones de empleos de todos los sectores y coinciden los expertos que generará mayor informalidad. Si no hay empleo, la pobreza aumenta.

He sido un opositor a la reforma tributaria de este Gobierno, no porque no crea en la progresividad tributaria o en la lucha contra la desigualdad, sino porque esta reforma en vez de volvernos un mejor país hace todo lo contrario.

Es cierto que tenemos muchos desafíos, que hay mucho que arreglar. Sin embargo, justificar todo tipo de locuras basándose en que Colombia es el peor país del mundo, no solo es mentira y un error, sino que sus consecuencias pueden ser irreversibles.

Esta es la trampa del cambio. Decir que nada funciona para justificar locuras. Fundamentan sus narrativas en que todo esta mal y que nada sirve. Con el pretexto de arreglar lo que no esta bien, destruyen lo que si funciona.

Esta trampa lleva a que no se construya sobre lo construido y que las decisiones se fundamenten en ideología, no en la evidencia, la lógica y la razón. Por eso la reforma tributaria parece más un castigo a ciertos sectores productivos. ¿Por qué no construir sobre el crecimiento de la economía que ha generado mayores ingresos sin aumentar las tarifas o la base de contribuyentes? ¿Por qué no enfocarse en el gasto para enfrentar la desigualdad y promover austeridad? ¿Por qué no centrar la reforma en la lucha contra le evasión?

La respuesta parece ser, que enfocarse en lo que no funciona implica reconocer que hay estrategias, programas e iniciativas que vale la pena mantener. No cabe duda de que hay prioridades urgentes especialmente sociales, pero el gobierno debe abordarlas de manera responsable y coherente. Quieren acabar el hambre, pero con la tributaria aumentan la pobreza. Quieren paz, pero criminalizan la fuerza pública y empoderan a los criminales.

Quieren energías alternativas, pero asfixian la fuente de ingresos para la transición energética. El cambio no justifica el atropello, la inexperiencia, el desconocimiento y la improvisación que en tan poco tiempo ya son evidentes y parecen hacer carrera en el gobierno.

Por cierto, a pesar de la innovadora propuesta de la ministra Vélez, a este paso, la única economía que va a decrecer es la nuestra.

NOTA: La verdadera reforma tributaria debe fomentar el crecimiento económico para aumentar el recaudo, enfrentar el contrabando y la evasión y proponer políticas ambiciosas de austeridad.

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