¿Y ahora salen a decirnos que el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado es responsabilidad de las Farc? Y yo me pregunto, ¿en qué parte de la historia me perdí? Después de 25 años de siempre haber apuntado que se trataba de un crimen de Estado, quizá con participación de carteles del narcotráfico y con el concierto de militares me desbaratan todo ¡No sé! hasta ahora, como muchas historias en nuestro país, el magnicidio de Álvaro Gómez Hurtado venía siendo una verdad a medias, y por el hueco de esa otra mitad de la que nunca tuvimos certeza se cuela la versión de la Farc. Sin ningún tacto o consideración enredan todo y nos arrebatan lo poquito que teníamos.

¿Creer o no? No se trata solamente de lo que dicen la Farc. Lo cierto es que la justicia y la capacidad de las instituciones para investigar y dar con los responsables de los crímenes en Colombia es tan minúscula, que hoy esa exguerrilla podría decir con pocas pruebas en la mano y quizá menos que las controviertan hasta que estuvieron detrás del asesinato de Galán y muchos le verían la razón.

Quizá estén diciendo la verdad. O quizá se estén aprovechando de los vacíos históricos e institucionales del país. Lo cierto es que no nos podemos quedar con la versión de ellos, la justicia tendrá que investigar, encontrar pruebas, contrastar y verificar. Y allí llega el otro sartal de dudas y frustraciones: ¿qué justicia?, ¿la justicia especial que no ha hecho nada en 2 años o la justicia en cabeza de la fiscalía que ha encontrado poco en 25?

Es que la versión de la Farc es tan sorpresiva o descabellada que ni siquiera el expresidente Ernesto Samper, quien sería el más beneficiado de ella, la cree.
Solo en un diario de Tirofijo, que poca publicidad ha tenido, se habla en un par de páginas del “ajusticiamiento a Gómez Hurtado” ¿Pero por qué ocultar durante un cuarto de siglo esa que sería una gran victoria militar? Para una guerrilla comunista eliminar al principal líder conservador de la época sería un hecho de reivindicación inmediata.

No tiene mucho sentido guardar el secreto. Lo único que tiene sentido es sacarlo a la luz en este momento. Podría con su simple declaración quitarle la competencia a la Fiscalía, justo cuando la entidad adelanta diligencias para entrevistar a capos de la mafia en la línea de investigación de que el magnicidio es un crimen de Estado.

También hay que ver cómo la Farc acepta anticipadamente su responsabilidad en este crimen, aunque nadie lo pidiera y nadie lo esperara, y en cambio, todavía le cuesta reconocer el reclutamiento de menores como una política sistemática en sus filas, niega los abusos sexuales y abortos forzados, poco habla del secuestro de policías o militares a quienes no bajan de rehenes y mucho menos reconoce miles de desapariciones forzadas.

Este es un todo o nada. La Farc debe reconocer y decir toda la verdad de todos los crímenes. Si lo que ya anunciaron sobre el magnicidio de Álvaro Gómez es mentira pierden los beneficios y tendrán que ser expulsados de la JEP. Sin embargo, que no se nos olvide que por el lado del reclutamiento ya van perdiendo terreno. Con un solo delito que no confiesen, nieguen o sobre el que mientan todos los procesos pasan a la justicia ordinaria. Por lo menos así debería ser en el país ideal donde las instituciones sí funcionan y las normas se aplican tal cual quedaron redactadas.