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Analistas 17/09/2021

La buena ruta de los TLC

María Ximena Lombana
Ministra de Comercio, Industria y Turismo

El sector externo se ha convertido en portador de buenas noticias para el país. En lo corrido del año hasta julio, las exportaciones de bienes no minero-energéticos registraron uno de los datos más alentadores para nuestra economía: alcanzaron el valor más alto en 13 años para ese periodo.

En plata blanca las ventas al exterior de productos colombianos no minero-energéticos llegaron a los US$9.849 millones entre enero y julio, lo que significa que crecieron 21,8% frente al mismo periodo de 2020. Pero si se compara con el mismo periodo de 2019, la variación también fue positiva en 9,8%.

En este resultado hay que destacar que 84,5% de lo que exporta Colombia en bienes no minero-energéticos se dirige a países con los que tenemos TLC. Hoy contamos con 17 acuerdos comerciales con cerca de 65 países.

Y lo que confirman las cifras de exportaciones al cierre de julio es que estos acuerdos no duermen en anaqueles herrumbrosos y polvorientos, sino que hacen parte de las fuerzas dinámicas que impulsan el crecimiento del país.

Gracias a esos acuerdos, que incluyen los de libre comercio y los de alcance parcial, los productos colombianos tienen acceso en condiciones preferenciales a un mercado de 1.500 millones de consumidores, y cuentan con una agenda exportadora que impulsa su diversificación.

Ese es quizás uno de los efectos más importantes de los acuerdos comerciales: la diversificación de la oferta exportable. Se estima que 55% del incremento de las exportaciones no minero-energéticas entre la fecha de entrada en vigencia de cada uno de los acuerdos comerciales y el año 2020 corresponde a nuevos productos.

La diversificación ha sido fundamental para que nuestros empresarios avancen en los mercados globales y, de paso, ha permitido reducir sensiblemente el riesgo de que el país dependa de solo unos pocos productos y de mercados estrechos. Nada mejor para confirmar que se está poniendo en práctica el sabio consejo de no poner todos los huevos en la misma canasta.

Un efecto muy positivo que ha tenido la diversificación de las exportaciones colombianas, facilitada por los acuerdos comerciales, es que ha impulsado la competitividad de nuestras empresas colombianas.

Ubicarse en las vitrinas internacionales conlleva un esfuerzo importante de los empresarios por atender con lujo de detalles a los clientes, y eso implica un camino para ser más competitivos. La literatura económica sugiere incluso que la productividad de los países está estrechamente relacionada con la diversificación de sus exportaciones.

En 2020, por ejemplo, los principales destinos de las exportaciones colombianas totales fueron Estados Unidos, con una participación de 28,7%, China (8,9%), Ecuador (4,7%), Panamá (4,6%), Brasil (4,1%), México (3,7%) e Italia (3,1%). Además, 82,6% de las exportaciones totales se dirige a 19 países, de los cuales 14 tienen acuerdo comercial.

De acuerdo con esa misma literatura académica, los atributos de los acuerdos comerciales incluyen también, como ha ocurrido en nuestro país, el incentivo de aumentar la Formación Bruta de Capital Fijo, que viene de la mano con la llegada de mayor inversión extranjera directa. Esta ha sido factor clave para el crecimiento económico, la generación de empleo y para abrir nuevas oportunidades de negocios al tejido empresarial colombiano.

En un mundo cada vez más globalizado, hacer uso estratégico de una mayor inserción en los mercados internacionales, acompañándolo de esfuerzos en materia de desarrollo productivo para lograr la sofisticación y diversificación de la economía, es quizá la ruta más segura hacia mayores niveles de productividad y crecimiento, como lo ha recomendado la Misión de Internacionalización.

Los acuerdos comerciales traen beneficios enormes a la economía. Su mayor reto, sin embargo, sigue siendo su aprovechamiento: ese es un asunto en el que debemos trabajar unidos todos los colombianos. Lograr que las exportaciones se conviertan en un jalonador del crecimiento económico es una tarea urgente, como lo ha advertido la Misión de Internacionalización. Al abrir nuevos mercados los empresarios nacionales tienen mayores oportunidades, se acelera la inversión y se generan empleos y oportunidades tangibles para todos. Sin duda se trata de un círculo virtuoso que impulsa la prosperidad y aviva la esperanza en momentos en que el país avanza con pasos firmes por el camino de la reactivación económica segura.