Analistas

Una cultura tóxica es mal negocio

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Ante una cultura machista discriminatoria y denigrante un grupo de mujeres realizó en secreto y de manera anónima una encuesta entre las empleadas de Nike. Los resultados han desatado una crisis gerencial sin precedentes en el mundo de los negocios que ha resultado en la salida de por lo menos 11 altos directivos incluyendo el presidente de la marca Nike y candidato sucesor a liderar la empresa de artículos deportivos más grande del mundo.

Por lo visto los incidentes datan de varios años. Salidas de integración gerencial que comenzaban en restaurantes y terminaban en bares nudistas, un supervisor haciendo referencia a los preservativos en su maletín, un jefe tratando de besar a la fuerza a una subordinada, mails a mujeres hablándoles de sus partes íntimas.

Todos claramente hechos inapropiados en un ambiente laboral mixto, que sin embargo no constituyen acoso legalmente. Fueron reportados en su momento ante recursos humanos sin consecuencias para los acusados, y muchas veces sí con repercusiones negativas para quienes los reportaban.

Y es que los comentarios pasados de tono no son sencillamente casos aislados, generalmente son expresión de una mentalidad discriminatoria que se ve reflejada en el actuar y las decisiones gerenciales. Hay también testimonios acerca de cómo las mujeres en Nike no han sido tenidas en cuenta en reuniones ni para dirección de ciertos departamentos o promociones.

La cultura organizacional formal refleja una clara discriminación cuando de su fuerza laboral de 75,000 el 48% son mujeres y apenas 29% de las vicepresidencias son lideradas por ellas.

Lo triste es que esa cultura manchada de abuso de poder es prevaleciente en toda la sociedad. Lo hemos visto este año con el movimiento #metoo cuyos efectos se han hecho sentir primordialmente en Hollywood contra individuos, mas no organizaciones. Este es el primer gran caso corporativo que está saliendo a la luz pública. Aun así, no ha tenido gran cobertura en medios masivos.

Las reglas han sido dictadas tanto tiempo por unas minorías poderosas que consideramos normal y aceptables las discrepancias salariales o jerárquicas. Sobra decir que una cultura donde se trate a otros como objetos, sean mujeres, hombres o minorías étnicas o de genero no debería ser aceptable para nadie.

Las implicaciones van más allá de una fuerza laboral descontenta o problemas legales. Hace un par de semanas en una tienda por departamentos en París hubo un caso de maltrato contra unos clientes de la marca Balenciaga.

En menos de 24 horas el video del incidente tuvo más de 23 millones de reproducciones y 2 millones de comentarios con el hashtag #BoycottBalenciagaDiscriminatesChinese (boicot a Balenciaga quien discrimina contra los chinos) en China, el mercado de lujo con más crecimiento del momento. La discriminación no es interna de una organización, sino que permea y los efectos se hacen sentir en el mercado.

Nike tiene por su parte un plan ambicioso de crecimiento al 2022. Sus ventas de calzado han venido cayendo y las de ropa tiene un crecimiento muy marginal. Para lograr sus metas necesita duplicar su participación del mercado femenino. Debe incursionar en particular en Athleisure que es la categoría que presenta mayor crecimiento en la industria y donde Nike no es un jugador relevante.

El reto es doblemente difícil hoy en día con una cúpula organizacional a medias y una cultura que demerita a la mujer y no tiene en cuenta sus opiniones.

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