Un mar de opciones

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Estamos en la temporada donde no es posible abrir Instagram sin ver un post con los hashtags #bikini #vestidodebaño #verano, y a pesar de que muchos están disfrutando de sus vacaciones frente al mar, los trajes de baño son una tendencia que ya no es exclusiva a esta época del año. Los vestidos de baño han conquistado Instagram y el mundo, con sus innumerables diseños y siluetas. La categoría es cada vez más grande, con un mercado global creciente y jugadores innumerables surgiendo cada día, alcanzando un total de ventas globales de $21,7 billones de dólares el año pasado.

El boom del swimwear se debe en parte a la mayor variedad de opciones. Con movimientos sobre la aceptación y amor propio, hoy en día las mujeres buscan lucir un vestido de baño con orgullo sin importar su tipo de cuerpo. Las marcas han acogido estos sentimientos y muchas ofrecen alternativas en tallas grandes, o se han especializado en estas. Y por silueta, ya sean bikinis, enterizos o trikinis, existe uno que se ajusta a cada cuerpo.

Instagram ha servido como una plataforma que muestra más allá del producto, exhibe e invita a un estilo de vida particular. A través de redes no solo se está vendiendo un traje de baño, “se vende el cómo se ve este traje en un yate a las orillas de la Isla de Capri” comenta Sam Kaplan de Burch Creative Capital. Lo que se compra al fin de cuentas no es el traje de baño en sí, sino la ilusión de una vida glamurosa y sensual en un lugar paradisíaco.

La categoría de swimwear tiene una tasa de crecimiento anual compuesto esperada de 6,2% entre 2018 y 2024. Lo refrescante es que no está monopolizada por ningún grande, no hay ningún líder establecido. El espacio lo ocupan tanto marcas independientes y emergentes como marcas globales de fast fashion tipo Asos. El éxito de esta categoría ha sido tal, que Victoria Secret, tras haberla descontinuado en 2016, reintrodujó recientemente su línea de swimwear. En 2017 el mercado global de trajes de baño se valoró en US$18,4 billones y se proyecta que para 2024 alcance los US$28,1 billones.

En Colombia la fiebre de los vestidos de baño también existe, y es común escuchar de nuevos diseñadores cada día. Las marcas tradicionales que siempre hemos conocido como Onda de Mar o Touche, siguen siendo fuertes y muy bien representadas, sin embargo, hay una proliferación importante y diversa de marcas independientes, cuyos diseños y filosofías capturan a las nuevas generaciones.

Marcas como Vici Mare Wear, que produce los textiles de sus trajes con nylon de pesca encontrado en el mar y destinan un porcentaje de sus ventas a la conservación y recuperación de los Andes, la Amazonía y el Chocó; o Baobab que planta un árbol por cada vestido de baño vendido, son marcas con un sentido y propósito por ecológico, que resuenan fuertemente con la juventud.

Podemos encontrar también variedad de siluetas, colores, y diseños. Desde estampados únicos y divertidos de marcas como Mola Mola y Palo Rosa, hasta trajes más sofisticados de diseñadores como Daniella Batlle o Johanna Ortiz.

Aún nos falta más diversidad en cuanto a tallas, opciones para diferentes cuerpos y mayor representación en diferentes canales de distribución más allá de las redes sociales. Las oportunidades del segmento son todavía enormes y debemos saber aprovecharlo como consumidores y emprendedores para poder salir a navegar dentro de este mar de opciones.

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