Indudablemente el Covid-19 es el tema que nos tiene a todos consternados, preocupados y viviendo con incertidumbre. El no poder socializar, no poder viajar, estar a la espera del colapso del sistema de salud son un reto para el que no estábamos preparados.

Los impactos económicos se han hecho sentir a todo nivel y de manera contundente. La respuesta de las grandes empresas ha variado desde tratar de pronosticar escenarios, proteger a sus empleados y sus clientes, hasta cerrar. Además de enfocarse en sobrevivir ha habido grandes muestras de solidaridad como el caso de muchas casas de moda que voltearon sus operaciones hacia la producción de tapabocas, o LVMH que volcó sus fabricas de perfumes a gel antibacterial para donarlos. Ha habido muchas donaciones de empresas incluyendo Richemont, Kering y Hermes para hospitales, investigación, atención a adultos mayores... en fin parecería que nos estamos uniendo como sociedad para salir de esta encrucijada.

El coronavirus es, en mi opinión, una pandemia para el emprendimiento. Las pequeñas empresas que enfrentan un cese total de la demanda de la noche a la mañana quedan sin ventas. No tener ventas quiere decir no tener ingresos.

Un emprendedor pequeño, un restaurantero o un tendero vive en muchos casos del día a día, no tener ventas es no tener capital de trabajo, es no tener flujo de caja. Quiere decir no tener ingresos, aunque los gastos si siguen corriendo todos los días, con virus o sin virus, no paran. Porque el propietario no le rebaja a uno el arriendo por estar cerrado por coronavirus. Ni puede uno dejar de pagar la nómina y las prestaciones, y si manda los empleados de vacaciones igual hay que pagarles con todos los aportes. En el sector moda gran parte de los empleados trabajan el destajo, es decir que son remunerados un monto fijo por cada unidad que producen al día. Cuando les dicen que se queden en su casa por ser población vulnerable por la edad o porque hay que cerrar el taller quiere decir que no producen y por lo tanto no reciben un salario tampoco.

Es decir, para un emprendedor pequeño la alternativa para reducir gastos es cerrar su negocio, así no tiene que pagar arriendo ni servicios, despedir a los empleados para no tener que pagar nóminas. Las medidas anunciadas por el Gobierno han, hasta el momento, tratado de sectores puntuales como el turismo o el transporte aéreo y las zonas francas. Se ha discutido también la posibilidad de obtener créditos flexibles o renegociar plazos, pero esto es posponer lo inevitable, no realmente aliviar la carga. La ampliación del plazo del pago de impuestos es el otro decreto que puede ser una ayuda. Sin embargo, seamos realistas eso no da alivio a la pequeña empresa pues las ganancias son pocas, un alivio en el impuesto a la renta es para el que ya gana utilidades, no para el que está empezando.

Las microempresas no tienen un colchón en caja para subsistir seis meses cerradas. Hay medidas que tendrían impacto real en la supervivencia de pequeños negocios como la exención del iva, o de arriendo o el copago y/o reducción de las prestaciones sociales. Medidas sobre gastos reales que impacten el flujo de caja de la empresa, para poder mantener la operación abierta y funcionando, para no incurrir en despidos y cierres de proyectos nacientes y prometedores que están en riesgo de que los mate el Covid-19. Ojalá nos tiren un salvavidas, que además de aguantar nos permita rebotar rápidamente una vez salgamos de este momento de crisis.