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Liderando desde lo femenino

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María Fernanda Hernández - mariaf@priscilalab.com

Recientemente tuve la dicha de ver la película “La voz de la igualdad” basada en la vida de Ruth Bader Ginsburg. Me impactó sobremanera la historia de la juez de la Corte Suprema de Estados Unidos, su capacidad de cambiar el mundo en el que vivimos a partir de sus convicciones e igualdad. El filme me llevó también a pensar sobre las mujeres en el poder, cómo además de tener grandes responsabilidades tenemos la carga adicional de demostrarle a la sociedad que no somos menos, ni más débiles por ser sensibles, mamás o simplemente mujeres.

Esa otra tarea ha llevado a las mujeres en el poder a adoptar actitudes consideradas masculinas en su estilo de liderazgo, en sus hobbies e incluso en la forma de vestir.

Hay innumerables ejemplos en la historia de mujeres usando ropa de hombre para transmitir autoridad. Adicionalmente, en la vestimenta femenina tiende a predominar la sexualidad sobre la funcionalidad, con pantalones tan ajustados que coartan el movimiento requerido en muchos oficios y sin bolsillos, llevándonos a muchas a preferir los cortes masculinos sobre los diseños femeninos.

La canciller de Alemania, Angela Merkel optó por el “power suit” masculino, dándole un giro al usarlo en tonos más llamativos o “femeninos”. La Primera Ministra del Reino Unido, Theresa May ha dado de qué hablar con sus zapatos de estampado animal, rompiendo las reglas de lo que significa vestirse como líder y mujer.

De acuerdo con una encuesta realizada por The Peterson Institute for International Economics, a 21.980 firmas de 91 países diferentes, tener mujeres en posiciones de alto mando incrementa significativamente los márgenes netos de las compañías. En Estados Unidos hay estudios que muestran que cuando las mujeres están en altos cargos se experimenta una “intensidad de innovación” y se realizan 20% más patentes que en equipos liderados por hombres.

Entonces me pregunto, ¿por qué las mujeres tratamos de emular masculinidad cuando nos encontramos en estatus de poder?

Maureen Chiquet, antigua CEO global de Chanel y autora del libro “Beyond Label: Women, Leadership and Success on Our Own Terms”, argumenta que el liderazgo no tiene nada que ver con lo femenino y lo masculino, sino que hay cualidades que son intrínsecas en cada uno. El resultado de un buen líder, argumenta Chiquet, es la combinación de aquellas cualidades llamadas masculinas: concentración, determinación y resolución, con aquellas que se identifican como femeninas: empatía, solidaridad y convicción. Concluye entonces que las mujeres debemos de dejar de sentir la necesidad de actuar como un hombre para ser poderosas en los negocios, en cambio debemos ser nosotras mismas, para así cambiar la forma en que se piensa y concibe el liderazgo.

Para ser grandes líderes necesitamos mostrarle al mundo que somos capaces de ser determinantes sin perder las cualidades que nos convierten en grandes mujeres. No en vano las compañías más admiradas de la destacada lista Fortune 500, según el Indice de género GFP Index, tienen el doble de mujeres en cargos de Alta Gerencia a comparación de aquellas de menor reputación.

Las mujeres somos capaces de traer perspectivas diferentes cuando se trata de tomar decisiones expandiendo el alcance y aporte de ideas. Debemos entonces sentirnos orgullosas de nuestras cualidades como mujeres, vestirnos como somos y nos sintamos cómodas, ya que es hora de crear nuevos parámetros de lo que significa ser y vestir como líder tanto para hombres como para mujeres.

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