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Analistas 13/04/2026

Y mientras tanto… la fiebre no sale en la foto

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas

Colombia no está en una UCI económica, pero sigue atrapada en una fiebre que no siempre se ve en la foto y que todavía impide hablar de una verdadera recuperación. Cerró 2025 con un crecimiento de 2,6% y con una tasa de desempleo promedio de 8,9%. Son datos que vale la pena reconocer. El problema empieza cuando confundimos mejoría con recuperación estructural. Hay pacientes que ya caminan, trabajan y hasta se ven bien, mientras incuban una gripa seria. La economía colombiana se parece cada vez más a eso: por fuera respira, por dentro acumula fragilidades.

El detalle importa. El consumo final creció 4,2% en 2025; el de los hogares, 3,6%, y el del Gobierno, 7,1%. En cambio, la formación bruta de capital creció 2,1% y, si se mira la formación bruta de capital fijo, la que más se parece a nueva capacidad productiva, apenas 1,3%. Para rematar, las importaciones subieron 8,4% y las exportaciones solo 1,8%. Dicho sin anestesia, la economía avanzó más por la billetera que por la inversión, más por impulso que por músculo.

Eso puede mejorar el ánimo un rato, pero no construye empresa, productividad ni empleo formal duradero. Con el empleo pasa algo parecido. La tasa de desocupación promedio bajó de 10,2% en 2024 a 8,9% en 2025. Bien. No obstante, el último dato comparable enteramente dentro de 2025 muestra una informalidad de 55,7% a nivel nacional y de 83,1% en centros poblados y rural disperso. O sea, hay más trabajo, sí, pero desde el rebusque. Y un país que crece sobre rebusque es un país resolviendo la vida al día, lo que lleva a recaudar menos, proteger menos y ahorrar peor.

La otra alerta es más silenciosa y peligrosa. De acuerdo con el Banco de la República, en 2024 las participaciones de capital dentro de la inversión extranjera directa sumaron US$7.399 millones. Y, según cifras del mismo banco reportadas para el cierre de 2025, ese rubro bajó a US$5.408 millones, con una caída de 26,9%, casi 27%. La inversión extranjera directa total fue de US$11.469 millones en 2025 y la reinversión de utilidades sumó US$5.112 millones.

La señal es bastante clara: los que ya están aguantan, los nuevos dudan y miran hacia otros destinos. De acuerdo con el Ministerio de Hacienda, el cierre fiscal de 2025 dejó un déficit de 6,4% del PIB, un déficit primario de 3,5% y unos ingresos tributarios $9,5 billones por debajo de lo previsto. Es decir, crecimos, sí, aunque con menos margen, más presión y menos espacio para equivocarnos. Cuando a eso se le suma incertidumbre, la inversión no siempre se va, pero sí se aplaza.

Y a un país al que se le aplaza la inversión también se le aplazan el empleo formal, la productividad y el crecimiento serio. Por eso el dato incómodo no es que la economía creciera 2,6%; el dato incómodo es de qué se está alimentando ese crecimiento. Colombia hoy se parece a esa casa bien ubicada, con buen lote y vista magnífica, pero con la puerta trabada, las luces titilando y el reglamento cambiando cada semana.

Desde afuera todavía parece buen negocio; desde adentro ya empezó a parecer advertencia. La economía no está en crisis abierta. Está avisando. Y lo irresponsable no es decirlo, lo irresponsable es esperar a que la fiebre haga el comunicado.

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