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Turismo naturaleza, tendencia mundial

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María Claudia Lacouture

Los productos turísticos tradicionales están cediendo espacio a los de naturaleza. Los estudios especializados indican que los viajeros contemporáneos privilegian la privacidad, la libertad de movimiento, la ecología, la tranquilidad y el bienestar. Es una excelente noticia para Colombia, uno de los paraísos más biodiversos del planeta.

Los análisis comparativos de las grandes plataformas revelan cómo también el turismo urbano, el sol y playa y el ocio nocturno ceden protagonismo a productos alternativos, como cabañas de montaña, casas rurales, o participar en ceremonias ancestrales, convivir con comunidades, o simplemente escalar montañas, hacer cabalgatas, caminatas o paseos en bicicleta, o avistamiento de flora y fauna o, inclusive, jugar golf.

Crece la certeza de que el turismo puede contribuir a la ecología. Proliferan iniciativas como factor de preservación en zonas vulnerables, para el equilibrio ambiental, para salvar especies o restaurar ecología. En Uganda, donde estaban aniquilando a los gorilas, hoy se cobran hasta US$1.000 por la sola experiencia de verlos.

Es notorio que en las principales ferias de turismo los conceptos alternativos van ganando fuerza. La feria de Madrid, Fitur, en la que Colombia ha puesto tradicionalmente su mayor interés promocional, entregó este año el “Premio al Mejor Producto de Turismo Activo” a un proyecto llamado “Paraísos Indígenas” de México por agrupar a sitios turísticos con alto valor natural, cultural e histórico.

En Colombia existen 102 pueblos indígenas, de los cuales 18 se encuentran en peligro de desaparecer. Los entornos ancestrales colombianos cuentan con múltiples atractivos, pero deben funcionar bajo la operación y protección de las propias comunidades, basado en sus tradiciones y costumbres, su patrimonio y conocimientos milenarios.

El turismo naturaleza, especialmente en Colombia, rompe con uno de los estigmas del turismo tradicional: la estacionalidad. Se puede disfrutar en cualquier momento. Lo están haciendo desde Alaska hasta la Patagonia, cómo no hacerlo en esta franja tropical que ofrece todos los climas y extraordinaria variedad durante 365 días al año.

Pero, y no me cansaré de repetirlo, Colombia necesita establecer una estrategia en torno a la naturaleza, alinear los conceptos, definir sus reglas, priorizar la calidad sobre la cantidad, desarrollar productos sofisticados, diferenciados, identificar las fortalezas y capitalizar la diversidad cultural y geográfica. Requiere de herramientas e infraestructura adecuadas para su desarrollo, capital humano especializado y, sobre todo, institucionalidad.

El crecimiento de esta industria debe estar ligado a la sostenibilidad, a un equilibrio entre lo social, lo económico y lo ambiental, que fortalezca a las comunidades,contribuya a la convivencia, que cuide los recursos naturales y culturales.

El turismo de naturaleza representa un mercado de US$263.000 millones, con un crecimiento de 65% en los últimos cinco años. Según la OMT, desde 2017, ocho de cada diez turistas prefieren alojamientos que incluyen prácticas ecológicas.

Y la misma OMT ha dicho que Colombia es uno de los destinos con el mayor potencial en el sector turístico para los próximos años. Entonces no podemos esperar, es hora de creernos el cuento y convertir en realidad el mantra que venimos repitiendo hace una década: ser un destino de talla mundial.

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