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El recurso humano es primero

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La nueva Colombia necesita de una cultura empresarial y una educación diferencial.

De poco sirve la inversión en productividad sin una adecuada formación del recurso humano, sin un cambio en la mentalidad en las personas, en los entes económicos que rigen el sistema tradicional, y sin un esfuerzo colectivo y visible hacia una cultura de la innovación y el emprendimiento.

Gobiernos de varios países han propuesto ambiciosos programas de productividad que se han quedado en el limbo de las buenas intenciones porque faltaron los profesionales y los técnicos con la suficiente formación para aplicarlos y darles continuidad.

El nuevo escenario de paz impulsará el desarrollo y la creación de empleos. Sin embargo, para que ese crecimiento sea productivo e inclusivo, debemos alcanzar mejores resultados en educación, hacer más atractiva la economía formal, invertir en infraestructuras, transferir conocimiento y tecnología, reducir las barreras a la competencia, definir políticas de largo aliento, destinar suficientes recursos financieros y hacer seguimiento permanente.

Ese modelo ha permitido a países como Malasia mostrar resultados concretos. Además de la determinación política y el compromiso privado hay que convencerse de que ese es el camino y definir los objetivos: pensar distinto y proyectar en grande.

Para Colombia, que busca resultados similares, resultaría conveniente integrar y consolidar los esfuerzos gubernamentales y empresariales que se han hecho en la última década, como fortalecer los programas de Transformación Productiva (PTP) y el de iNNpulsa para promover el emprendimiento, la innovación, la productividad y la competitividad.

Al igual que PTP e iNNpulsa, el Gobierno apoya y financia otros programas con fines similares, aunque desconectados unos de otros, por lo que ya es el momento de que trabajen bajo la misma sombrilla y enfocados inicialmente en dos sectores, dada la coyuntura histórica y su enorme potencial: agroindustria y turismo.

En ese sentido es una buena noticia el lanzamiento del programa Agro Exporta, estructurado desde hace un año entre Minagricultura y Mincomercio para trabajar articulados con gremios, asociaciones y empresas privadas en sectores con potencial exportador y en temas de calidad, productividad y comercialización. Es un ejemplo de cómo las entidades del Estado pueden y deben unir esfuerzos en propósitos comunes.

Según el Foro Económico Mundial, el pobre desempeño de América Latina frente a las economías más desarrolladas se debe a la baja productividad, a la informalidad, a la escasa diversificación de las exportaciones, a los insuficientes mecanismos para crear empleo, a la limitada inversión frente a la creciente demanda de mejores bienes públicos y a la dispersión de las políticas.

El sector productivo colombiano debe estar articulado y por ello resultan inadecuadas algunas propuestas con relación a separar los conceptos de industria y comercio para crear dos ministerios independientes: son las dos caras de una misma moneda, la fábrica y la fuerza de venta. Sería un error práctico y una dispersión de esfuerzos y presupuestos.

La nueva Colombia necesita de una cultura empresarial y una educación diferencial que ponga a la productividad y a la innovación en la matriz de una revolución industrial, de un sistema económico que renueve el envejecido aparato de producción, que cambie la mentalidad de los trabajadores, los estudiantes, los empresarios y del Estado.

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