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US$11.000 millones más tarde

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Durante la última semana de octubre de 2009 la tasa de cambio representativa promedio en Colombia fue de $1.983 por dólar. El presidente Uribe celebró su último Halloween desde el Palacio de Nariño con esa cotización del peso. Tres años han pasado desde esa celebración y han permitido el paso de mucha agua bajo el puente.

Hubo un relevo presidencial, hecho que en algún momento se puso en duda; el nuevo presidente, ungido por el anterior, resultó tener agenda propia, progresista, y en muchos sentidos antagónica a la del dueño del ungüento; este último ahora recorre el país buscando quién le acepte su pócima para que se vuelva a sentar a calentar los tres maltrechos huevitos que dejó en el remodelado Palacio.

Bogotá cambió de alcalde pero volvió a elegir uno de izquierda que a los coscorrones ha gastado su primer año aprendiendo a gobernar; un día regala el agua y al siguiente anuncia que hay peligro de racionamientos futuros de ésta; un día anuncia metro, tranvía y Transmilenio y al otro asegura que sin reforma tributaria local no hay recursos para tanta maravilla; un día afirma que tiene al toro de la ciudad por los cuernos y al otro día prohíbe los toros en la misma.

Europa entró en declive y aun no encuentra el freno que lo detenga. En el camino podría perder alguna de sus ruedas o quizás más. España, que hace menos de un lustro tenía tasas de desempleo de un dígito, hoy tiene a más de la cuarta parte de su fuerza laboral sin oficio; Cataluña, puntal económico del Reino busca cómo montar rancho aparte, sin monarca, mientras Rajoy aún debe estar preguntándose por qué era que quería llegar al poder.  Merkel, la otra reina, la de verdad, no la simbólica caza-elefantes, va por el continente visitando a sus súbditos. Con una regla en una mano y euros en el bolsillo va impartiendo disciplina fiscal, aquella que en Europa preocupaba a pocos cuando hace tres años el peso colombiano valía 1983 pesos por dólar.

En nuestro continente, Chávez, Correa y Cristina siguen al mando de sus países pero ya no nos partimos la cara con ellos en público. Ahora, con cierta sorna, leemos los argumentos de los secuaces de la dama de marras, quienes aseguran que la economía de ese país sigue siendo de lejos más grande que la nuestra si para hacer la comparación usamos la tasa de cambio que ella decreta. El segundo de la lista ha recuperado desde nuestra perspectiva el anonimato que se merece y al primero le quedaremos eternamente agradecidos si, en medio de sus desvaríos recientemente reelegidos, logra hacer entrar en razón a aquellos que indignados por el robo de unos marranos llevan cincuenta años de venganza terrorista.

Desde aquel lluvioso mes de noviembre de hace tres años, el gobierno repartió la mermelada por la tostada nacional, le sugirió al Banco Central subir las reservas internacionales a 54 mil millones de dólares y, por estos días, intenta empujar una ambiciosa reforma tributaria y quitarle tres ceros-no tres huevos-a nuestra moneda. El Banco de la Republica cambió una docena de veces su tasa de interés de intervención, calificó la propuesta sobre reservas del gobierno como “académicamente interesante” y ha comprado cerca de US$11.000 millones  que han engrosado nuestras reservas internacionales. Nunca en un lapso trianual habíamos abierto tanto la billetera para comprar dólares. Ah ¿y la tasa de cambio representativa de los últimos días? $1.815  por dólar.

Twitter: @mahofste

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