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Reducir el poder de las ‘ías’ a sus justas proporciones

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A la par con la sensación de que la corrupción en las entidades públicas va en aumento, que ya no está en sus ‘justas proporciones’ como lo sugería el ex-presidente Turbay, hemos ido desarrollando herramientas para combatirla. Desde zares, hasta ‘ías’-contraloría, procuraduría, personería, que hoy más que nunca están en el centro del poder político en Colombia-pasando por reglas de juego en el papel cada vez más afinadas para la batalla contra la corruptela. 
 
Que las ‘ías’ estén en el centro del poder político y mediático en Colombia es una muy mala noticia. Los vítores de la tribuna hacen que sus miembros inicialmente blandan sus espadas con menos cautela. A medida que el público pide más, la posibilidad de que se conviertan en una verdadera inquisición, con cacería de brujas a bordo, es palpable. Hemos creado una Para-Estado para vigilar al Estado; el primero, aupado por la multitud, parece cargar al segundo camino a la hoguera. Quedará, si no lo detenemos, un país a merced de inquisidores. No es sólo la corrupción la que debe reducirse a sus justas proporciones. También las ‘ías’ con sus sables y sus hogueras.
 
¿Ejemplos? Muchos. Pensemos en aristas de moda a raíz de la quiebra de Interbolsa: puertas giratorias. Imaginemos a un empleado de una empresa del sector financiero. El gobierno lo nombra funcionario en la Superfinanciera. ‘Claro-dirá el cínico que tenemos adentro-se va al gobierno para ayudarle a sus amigotes desde allá. Se vienen contratos y regulación para favorecer los intereses de sus compinches’. 
 
¿Solución? Una legislación para cínicos. Los que entran al gobierno deben declarar un largo listado de impedimentos, asuntos en los que no pueden intervenir porque-en la mentalidad cínica-su vida laboral pasada los inhabilita para opinar libremente. El problema de esta legislación a prueba de cínicos es que si el gobierno requiere un especialista en el sector financiero, con alta probabilidad los mejores candidatos trabajan en éste. La legislación para cínicos puede impedir la contratación de los más capaces o, permitirla, pero condicionada a que el funcionario no intervenga en asuntos que comprometan a dicho sector; justamente el área donde puede aportar más. 
 
Y para cerrar el círculo, los entes de control y vigilancia no solo tienen en sus manos una legislación a prueba de cínicos sino que han desarrollado una aproximación cínica a su labor. La buena fe de los funcionarios no se presume. La honorabilidad de estos tampoco. A los funcionarios capaces y probos-que son la mayoría del Estado-les tiembla la mano cada que hay que firmar un contrato. Saben que un ente de control armado con la legislación de marras y con una mirada suficientemente inquisidora encontrará detalles en cualquier contrato que harán que el vigilante de turno se frote las manos y encienda la hoguera. ¿Ejemplos? Funcionarios de extrema derecha como Arias y su AIS hasta de extrema izquierda como Petro y sus basuras, arden en la hoguera de las ‘ías’ por implementar políticas con las que muchos discrepamos pero cuyo desarrollo no tiene nada que ver con la honorabilidad de sus proponentes. 
 
Y a eso hay que agregarle la línea gris de las omisiones, también de moda por Interbolsa. Una ‘ía’ acaba de abrir pliego de cargos a funcionarios de la Superfinanciera por supuestas omisiones. Nefasto precedente. En adelante, cualquier quiebra de entidades vigiladas por el Estado será susceptible de ser culpa de este y sus funcionarios de pagar-con ¿cárcel?, ¿sus propios recursos?-por dicha quiebra. ¿Quién querrá trabajar en la Super? ¿No provee esto de un arsenal de incentivos perversos a las firmas financieras mismas?  ¿No abre la puerta para que los inversionistas sabiendo que el Estado pagará en caso de que algo salga mal, le apuesten a negocios aun más riesgosos?
 
El Estado se ha vuelto un paquidermo tembloroso. Es hora de pensar en reglas de juego en las que la buena fe se presume; en reducir el tamaño y poder de las ‘ías’ a sus justas proporciones; en construir un Estado al servicio de los ciudadanos y no al servicio de defenderse de sí mismo.  
 
Twitter: @mahofste
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