Analistas

La cornisa fiscal

La crisis financiera global de la década pasada que afectó con particular fuerza al grupo de economías más ricas del planeta redujo la senda de su actividad económica, posiblemente de manera permanente. Los economistas han tratado de explicar las razones del estancamiento: entenderlas permitirá pensar mejor en las medicinas apropiadas para esta coyuntura o para las futuras crisis. 

Al comienzo de la crisis, la primera reacción de los países golpeados fue llenar el vacío en actividad económica vía expansiones fiscales-intentos por dejar que un mayor peso del gasto público atenuara las consecuencias de la crisis. Sin embargo, poco tiempo después de esos intentos, la creciente deuda pública pasó al centro del debate. Así, entre 2009 y 2011 las economías ricas no sólo quitaron el acelerador del pedal fiscal sino que apretaron, algunas con más vehemencia que otras, el pedal del freno fiscal.  La razón del frenazo parece, a primera vista, tener una lógica inapelable: si la deuda empieza a crecer como porcentaje de la actividad económica, es necesario gastar menos para no alimentar su crecimiento. 

Pues bien, esa lógica ha sido puesta en duda por un reciente estudio de Antonio Fatás del Insead y Lawrence Summers de Harvard. Los autores argumentan que esos frenazos del gasto público, esas consolidaciones fiscales como las llaman los economistas, no redujeron únicamente el crecimiento económico en el corto plazo sino que tuvieron efectos negativos permanentes sobre la actividad económica: aquellos países con mayor grado de consolidación fiscal, con apretones del freno fiscal más fuertes, presentaron deterioros de largo plazo más visibles en su actividad económica. 

Fatás y Summers van más allá de mostrar que las consolidaciones fiscales dejaron secuelas en la actividad de largo plazo. Ese hallazgo los lleva a cuestionar la lógica según la cual reducir el gasto ayuda a desinflar la deuda. En efecto, las consolidaciones fiscales apuntan en general a reducir el peso de la deuda como porcentaje de la actividad económica. Es decir, buscan reducir el numerador del cociente deuda/PIB y suponen que el denominador es independiente de esa consolidación. Pero si la consolidación fiscal marchita perennemente la actividad económica de largo plazo, es decir, aplaca la senda del denominador del cociente de deuda/PIB, el efecto neto del freno del gasto es ambiguo. Pues bien, las estimaciones de Fatás y Summers sugieren que para los episodios de consolidación fiscal en países desarrollados tras la gran crisis financiera global, el efecto perverso sobre la actividad económica es suficientemente grande como para implicar que al final los frenos fiscales aumentaron el peso de la deuda en el largo plazo. 

Este resultado puede poner en marcha un círculo vicioso. La consolidación fiscal lleva a que el peso de la deuda crezca a la vuelta de un tiempo lo cual puede llevar a los gobiernos a creer que son necesarias nuevas rondas o más vigor en los apretones fiscales. 

Los autores son cuidadosos en advertir que sus hallazgos no significan que en cualquier circunstancia compleja la lección sea que hay que evitar apretar las clavijas del gasto público. Pero los resultados sí señalan que en los malos tiempos los gobiernos caminan por una compleja cornisa fiscal: los mercados pueden pedir más disciplina con la deuda y el déficit pero hacerles caso puede llevar a resultados totalmente opuestos a los pretendidos.