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El pecado original

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Las turbulencias de los mercados internacionales de los últimos meses han depreciado las monedas de buena parte del mundo emergente, incluyendo el peso colombiano. En general, tras años de quejas por la fortaleza de nuestra moneda, la depreciación ha sido recibida como una buena noticia. El sector agropecuario e industrial, de pobre desempeño en el último lustro, culpaba a nuestra musculosa moneda de sus pesares. Ahora, si el diagnóstico de sus tristezas era correcto, deberán celebrar la devaluación de los últimos meses.

Pero a la par con los ruidosos vítores de los sectores exportadores debe haber angustias, por ahora silenciosas, de los sectores golpeados por el debilitamiento del peso. Quizás los damnificados más obvios sean los colombianos que tienen obligaciones en moneda externa. ¿Qué tanto le debemos al resto del mundo? A octubre del año pasado, el saldo en deuda externa colombiana era de 90 mil millones de dólares. 57% de esa cifra son obligaciones del gobierno y el resto son deudas del sector privado. 

La mala noticia es que el saldo se ha duplicado en los últimos seis años; en 2007 no llegaba a US$45.000 millones. Además, en ese lapso, la deuda del sector privado ha crecido más que la pública y el saldo total está más cargado hacia obligaciones de corto plazo que hace seis años. 

La deuda pública colombiana en dólares tiene la ventaja de que si bien al convertirla a pesos ese saldo ha crecido con la devaluación, también es cierto que los ingresos que recibe Ecopetrol aumentan con esta. La deuda pública no sufre del llamado pecado original, es decir, del descalce en las monedas en que están denominados los ingresos y los egresos. 

Sin embargo, la deuda privada que es la que más ha aumentado podría sufrir del pecado original. Aquellos que aprovecharon los tiempos del dólar barato para endeudarse en dicha moneda han visto crecer el saldo de sus obligaciones en 5%. La cifra podría aumentar si la Reserva Federal continua recortando los estímulos monetarios. Los que se hayan endeudado sin calzar las denominaciones de sus obligaciones y sus ingresos les han llegado las vacas flacas. 

La buena noticia es que en términos macroeconómicos el pecado no tendrá mayores efectos. El peso de la deuda privada como porcentaje de PIB está cinco puntos por debajo del nivel que tuvo en 1998, antes de la crisis financiera de final de siglo que también vino acompañada de una depreciación.

Adenda: El año pasado los cafeteros colombianos literalmente bloquearon el país exigiendo ayudas estatales. Argumentaban que la combinación de una tasa de cambio fuerte con bajos precios internacionales del café les estaba arruinando. El gobierno les otorgó cerca de $1 billón, 1% del total de impuestos que pagamos los colombianos. Otro tanto les fue prometido para este año. La recuperación entre el peor momento del año pasado de los precios externos del café (en pesos) y los de esta semana alcanza 40%. ¿Cuánto más tienen que subir los precios para que los cafeteros nos escriban a los colombianos una misiva de agradecimiento por la ayuda en los malos tiempos y nos cuenten que ya no necesitan subsidios, que en Colombia hay inversiones estatales más urgentes que subsidiar un sector boyante? Si la respuesta es que ese incremento no es suficiente tal vez sea hora de pensar si ese negocio tiene sentido mantenerlo.

Twitter: @mahofste

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