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¿Condenados por Europa?

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No, esta no es otra columna para hablar de la reciente e interminable tragedia griega, la debacle española o la resistencia europea al rescate de sus hermanos menores. Tampoco se trata de argumentar que Italia se va a unir a los hermanos menores ni de los bandazos franceses, aquellos que los llevaron en pocos meses de liderar la batalla de la austeridad a finalmente convencer a la emperadora Merkel de intentar revivir la zona con más aire en forma de gasto gubernamental.

 Pero el tema de la columna no deja de ser una paradoja al mirar el persistente y quizás inexorable declive europeo en el siglo XXI. La columna es sobre los orígenes europeos del desarrollo económico en sus antiguas colonias. En efecto, varios columnistas colombianos le han dedicado sus recientes espacios a este tema a raíz del reciente libro de Acemoglu y Robinson, Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity and Poverty.

Una de las premisas de los autores es que las instituciones que instalaron los europeos durante la colonización ayudan a entender las diferencias en los niveles de desarrollo presentes. La teoría es que en lugares donde los colonizadores encontraron condiciones para establecer colonias con instituciones extractivas, hoy en día encontramos niveles de desarrollo bajos. En esos sitios los colonizadores generalmente encontraron recursos naturales abundantes y climas y tierras poco amigables para colonizaciones a gran escala. Allí crearon ambientes institucionales autoritarios e hicieron presencia en pequeños números.

Al contrario, en sitios en los que los colonizadores encontraron climas más amigables y tierras apropiadas para la pequeña agricultura, formaron instituciones más compatibles con derechos económicos y políticos. Allí los colonizadores llegaron en mayores números.

Acemoglu y Robinson postulan que dichas instituciones perduraron a lo largo de siglos. Los países que sufrieron colonias extractivas son hoy en día pobres en el sentido literal e institucional; aquellos con mejores instituciones coloniales son economías ricas, de nuevo en ambos sentidos.

La historia, maravillosamente documentada, resulta desesperanzadora. Si hace varios siglos fuimos maldecidos con pobres instituciones, con gobiernos extractivos, con pocos europeos, hoy de la mano de sus fantasmas caminamos el sendero de la pobreza perene.

 Easterly y Levine acaban de publicar una investigación titulada The European Origins of Economic Development. Allí construyen una novedosa base de datos sobre la proporción de población colonizadora. Los hallazgos de la investigación no contradicen los de Acemoglu y Robinson pero tienen tintes más soleados, rayos de esperanza, herramientas para romper la cadena perpetua del bajo desarrollo.

Si bien encuentran que en efecto bajas poblaciones de colonizadores europeos están asociadas con menores niveles de ingreso hoy en día, el canal de transmisión, el motor de la explicación, no es institucional. O al menos no es solo institucional. Su argumento es que aún si solo miran las regiones donde hubo baja presencia colonizadora-y por tanto si se enfocan en un grupo de colonias extractivas-en todo caso una mayor presencia relativa de colonizadores implica un mayor nivel de ingreso hoy en día.

Las explicaciones sobre por qué la proporción de colonizadores ayuda a entender los diferenciales de ingreso de hoy-más allá de la condena institucional-giran alrededor del capital humano y los vínculos comerciales que estos ayudaron a difundir. Si esa es parte de la historia, no estamos condenados a mil años de soledad por culpa de las instituciones extractivas que nos dejaron nuestros ancestros conquistadores.

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