Analistas

A reformar el Dane

En 2004 César Caballero, director del Dane durante el primer gobierno de Uribe, renunció a su cargo. Lo hizo tras denunciar que había sido presionado por el gobierno para no revelar los resultados de una encuesta de victimización. El escándalo puso de presente la fragilidad institucional del Dane, una entidad encargada de proveer estadísticas que no siempre serán del gusto del gobierno de turno, pero que al mismo tiempo está adscrita a la Presidencia de la República y cuya dirección la nombra y la puede cambiar el Presidente de la República. 

De ese episodio surgieron proyectos de ley, empujados principalmente por el Partido Liberal, que proponían pasar el Dane de departamento a Instituto Nacional de Estadística. Ese cambio constitucional habría significado que el nuevo instituto tendrá personería y patrimonio propios, además de autonomía administrativa y financiera. Los proyectos también proponían que la dirección del instituto estuviera blindada de presiones gubernamentales bien fuera con una Junta al estilo de la del Banco de la República o con periodos de su director de cuatro años y que no coincidieran con el periodo presidencial. Infortunadamente, esas propuestas nunca contaron con el impulso del Gobierno que cuando se trataba de reformas constitucionales estaba más interesado en otros artículos. O articulitos.

Desde la época de este debate a la fecha, el Dane ha avanzado de forma importante en transparencia. En particular, el acceso que los investigadores tenemos a los microdatos (que dan origen a los promedios que llegan a los medios) es mucho mayor y por tanto blinda al Dane mismo de las suspicacias sobre los números de esos reportes agregados. Pero ese avance no sustituye la autonomía institucional que debiera tener el encargado de producir las estadísticas que guían la política pública y que también son el metro con el que medimos los éxitos, retos y fracasos del gobierno de turno. 

Esa reforma no deberíamos aplazarla más. Varios hemos comentado en los últimos meses nuestra incomodidad con el estilo de comunicación de la actual dirección del Dane. A algunos nos parece que como productor de la información estadística el Dane y su dirección deberían limitarse a publicar los resultados de manera aséptica, sin calificativos, sin interpretaciones, sin justificaciones de los resultados si estos muestran aspectos negativos en algún indicador. 

El Dane está yendo más allá de publicarlos; con frecuencia los califica, y enfatiza en las ruedas de prensa las tendencias en indicadores que muestran buen desempeño. En otras ocasiones explica por qué un indicador dio cierto resultado: no es posible que unas horas después de que salga un número sobre pobreza, inflación o desempleo alguien ya sepa sus causas. Las investigaciones sobre esas causas toman mucho tiempo y no es serio que el Dane mezcle estadísticas con teorías apresuradas que las expliquen. 

La solución de fondo pasa por reformar la institución retomando el debate de hace más de una década. Las debacles de las agencias estadísticas de Venezuela y Argentina nos enseñan que aplazar esos refuerzos institucionales se puede pagar muy caro si llega al poder un gobierno populista y encuentra abierta la puerta para cocinar las estadísticas. Y en el corto plazo, haría bien el Dane en cambiar su estrategia de comunicaciones enfocándose únicamente en dar a conocer los resultados, sin comentarios, sin justificaciones. Y jamás desde la Casa de Nariño.