Vendaval de noticias

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Hay días, semanas, meses en que las noticias van más rápido que uno. Mientras desfilan ante nuestros ojos, se crea un sentimiento de impotencia ante la imposibilidad de cogerlas y masajearlas entre nuestras manos para después despiezarlas y engullirlas en forma organizada en nuestro cerebro. Es como si las noticias perdieran poco a poco su densidad y pudieran atravesarnos imperceptiblemente, sin dejar rastro ni cicatriz alguna en nuestro criterio.

Esta última semana fue así, al ir desfilando raudamente noticias como la crisis en la frontera colombo venezolana por el ingreso de la ayuda humanitaria, los enfrentamientos ideológicos por la refrendación, por parte del presidente Duque, del reglamento de la Justicia Especial para la Paz y las observaciones del Fiscal sobre esta, la extradición de Andrés Felipe Arias, las declaraciones de Luis Carlos Sarmiento Jr. en el caso José Elías Melo y Odebrecht y, para los menos radicales, los premios Oscar.

Ayudaron a complementar la sensación de observador pasivo las noticias que no son ni merecen ser noticia inicialmente, sino que son impulsadas por periodistas investigativos que buscan destapar verdades que, a la fuerza, necesitan terminar siendo relevantes para ver la luz del día. Es el caso de la noticia que impulsó Daniel Coronell sobre el proyecto Proscenio, ubicado en el norte de Bogotá, donde el periodista quiso relacionar aportes a la campaña del alcalde Peñalosa con un supuesto favorecimiento en la modificación del plan parcial correspondiente. Independientemente de la acertada, detallada y concisa explicación de la secretaría de planeación distrital sobre las inquietudes planteadas por Coronell, quedó la injusta sensación entre el público, incapaz de absorber el complejo detalle del caso, de que la alcaldía cometió indelicadezas en su proceder. El daño quedó hecho en la opinión pública, sin razón ni causa.

Sin embargo, el rey de esta semana con respecto a las noticias creadas fue un activo petrismo, que buscó por todo lado justificar la reacción del régimen del dictador Maduro, salsa bailable incluida, ante el fallido ingreso de la ayuda humanitaria. Anunció la decisión del gobierno colombiano de acabar con la paz, lo acusó de la muerte sistemática de lideres sociales, denunció el cierre de la democracia, la destrucción de los cauces del agua, pregonó la invasión militar de EE.UU. por el petróleo de Venezuela y, en consecuencia, generó en redes sociales un rechazo general en la comunidad. No se puede negar, sin embargo, que algunos de sus seguidores, movidos por el apoyo a su referente, soportaron sus tesis.

Con la facilidad de comunicarse masivamente por las redes sociales no son pocos los que moldean la realidad con el fin de imponer sus puntos de vista. Si bien su capacidad de influenciar el imaginario colectivo con algo de Alicia en el país de las maravillas tiene consecuencias políticas, es preferible dejar que, con el tiempo, las verdades se decanten y sus autores queden al desnudo, a que se calle la voz de miles que, erradamente o no, tienen hoy una opinión o un punto de vista que expresar. A diferencia de quienes quieren regular las redes y limitar el acceso a la opinión masiva a algunos pocos, prefiero hacer mías las palabras de Voltaire, “puede que no esté de acuerdo con tus puntos de vista, pero daré hasta mi vida por tu derecho a expresarlos”.

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