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Por un proceso de paz sin micos en la foto

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Al igual que yo, pocos colombianos han interiorizado la trascendencia de lo que está ocurriendo con el proceso de paz y pocos pueden decir que saben cuáles son los puntos principales que se han acordado en La Habana. Aún menos colombianos entendemos cómo participaremos en la definición de lo que está dispuesto a aceptar la sociedad con el fin de acabar uno de los conflictos armados más antiguos del mundo. Dado que predecir lo que vendrá con la limitada información disponible sobre las negociaciones es labor de clarividente o lobbyista con información privilegiada, en vez de tratar de adivinar lo que está pasando es mejor referirse sobre cuáles son los puntos críticos que se vienen pierna arriba.

Lo primero es que el proceso de paz debe resultar principalmente en la desarticulación de las Farc como una guerrilla organizada a nivel nacional. Es utópico pensar que la delincuencia perpetrada por los mandos medios y la base guerrillera va a desaparecer, dado que está más ligada a una forma de vida con réditos económicos que a una ideología que los ate a las decisiones que tomen las directivas de las Farc. En otras palabras, el logro del proceso de paz será un debilitamiento de la guerrilla como institución (la pérdida de la franquicia de la Farc), sin que por lo mismo se disminuya en el corto plazo el secuestro, la extorsión y el reclutamiento de menores. 

Lo segundo es que el proceso de paz debe incluir un compromiso firme y verificable de los mandos de las Farc para atacar los remanentes delincuenciales de la estructura guerrillera. Sin este compromiso el proceso de paz no garantizará que la sociedad se libre de la violencia ni que el Estado tome control del territorio para implementar una política agraria que ayude a crear los cimientos de una paz duradera. Si bien la proporcionalidad de las penas a los participantes en el conflicto por los delitos de lesa humanidad es importante para las víctimas, puesta a escoger para la sociedad es más crítico evitar que haya más crímenes que castigar a los responsables por hechos del pasado. Lo primero rompe la cadena de violencia y salva vidas mientras que lo segundo no tiene efectos tan directos en la construcción de una sociedad funcional.

El tercer factor en la negociación es garantizar que sea económicamente eficiente. Gran parte del conflicto está unida a factores económicos como la falta de presencia del Estado con recursos que permitan el desarrollo de las regiones y provean las garantías de respeto de los derechos humanos para sus habitantes con presencia de la fuerza pública. Si la paz es costosa y destruye valor por medio de concesiones extremas a los desmovilizados, los políticos o cualquier otro grupo social privilegiado, terminará creciendo un hueco en las finanzas públicas que está directamente asociado a las causas por las cuales el conflicto creció.

Este factor es el que hace que la participación activa de la sociedad entera, y no solo del ejecutivo y un grupúsculo del legislativo, sea necesaria para la aprobación de los textos del proceso de paz. En un país en el que los senadores artífices del chanchullo de la reforma a la justicia siguen campantes y en el que los recursos públicos se utilizan para beneficiar a los políticos en las elecciones, lo más importante es que la aprobación del proceso de paz no se haga en un cuartico a espaldas del país, para que no se transforme en el escenario perfecto para materializar corrupción institucional.
 

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