Analistas

Nos corrieron la banca

La salida de Carlos Raúl Yepes de Bancolombia, además de ser noticia por la carta de su hija y la lección de vida que nos deja sobre la importancia de dar prioridad a los seres queridos sobre las actividades profesionales, deja en la mesa muchos interrogantes sobre los dilemas del sector bancario en Colombia. Además de un entorno financiero novedoso por las tasas de interés reales negativas en bonos del tesoro colombianos y la entrada inminente de Itaú, uno de los grandes bancos de Brasil, se intuye un cambio mayor basado en la innovación tecnológica en las relaciones de los bancos con sus clientes. 

La banca comercial en Colombia ha sido un negocio con poca innovación en los años recientes, debido a que los grandes jugadores no han sido expuestos a la entrada de nuevos participantes no convencionales al negocio, como consecuencia de la regulación. Los bancos tradicionales siguen hoy prestando sus servicios de manera ineficiente a través de una red de sucursales cada vez menos utilizada, cuyos costos se trasladan a los usuarios por medio del margen de intermediación entre la tasa que pagan a sus depositantes y la tasa a la que emiten sus préstamos. 

Diferentes países del mundo han adoptado iniciativas para hacer la banca comercial más eficiente como permitir pagos móviles sin necesidad de una cuenta bancaria y la implantación de plataformas que permitan la masificación de préstamos entre particulares. Estas iniciativas han tenido en países como Kenia y Tanzania un impacto fuerte en la experiencia de los clientes, que por medio de sus teléfonos móviles han desplazado casi en su totalidad al efectivo a la vez que impulsan la economía.

Las iniciativas digitales son hoy factibles de un punto de vista técnico y comercial en Colombia, pero no se han implementado debido a que la Superintendencia Financiera, en su afán por defender al consumidor de posibles fraudes, mantiene la imposibilidad de recaudar masivamente fondos a instituciones no bancarias. Una revisión donde funcionan estas iniciativas, como los Estados Unidos y los países ya mencionados, es suficiente evidencia para afirmar que los riesgos esgrimidos por los detractores de la era del internet son infundados y responden a otro tipo de razones.

La implantación de nuevas tecnologías en la banca comercial es de bajo riesgo. Las aplicaciones para billetera móvil y préstamos para particulares ya se encuentran desarrolladas y solo requerirían ajustes menores, mientras que, gracias al desarrollo de la telefonía celular prepago, se cuentan con redes de recaudo de alta capilaridad que servirían como interface eficiente con el mundo del efectivo. Colombia está entonces en una posición privilegiada para masificar el acceso al crédito y al ahorro por medio de iniciativas digitales, con las consecuencias de bienestar para la población menos favorecida.

A pesar de esto, como los costos de abrir una cuenta en un banco convencional no son menores y no brindan un valor agregado a los usuarios, como el de acceder a una billetera móvil para hacer pagos a otro teléfono inteligente, hoy en día solo 23 millones de colombianos tienen un producto financiero, la mayoría de los cuales con muy baja utilización. Parece que Bancolombia, con el nombramiento de suvicepresidente de Gestión de Tecnología e Innovación, Juan Carlos Mora, está entendiendo la necesidad de que el banco evolucione hacia nuevas tecnologías que le permitan ser líder en el mercado en un nuevo entorno tecnológico.