Analistas

Los reinados de empresarios

El comportamiento humano hace que la mayoría de sus acciones estén acompañadas de un proceso de prueba y error. La misma existencia de los sentidos del tacto, vista, oído, gusto y olfato permite a los individuos evaluar los resultados de una acción con el fin de hacer los ajustes necesarios para lograr sus objetivos. Sin ellos, y el proceso de prueba y error, prácticamente no podríamos sobrevivir como humanos.

Así como en el golf se golpea la bola con el fin de acercarla al hoyo, rara vez en la vida real se convierten hoyos en uno que no requieran observar donde cayó la pelota y evaluar cuál debe ser el próximo golpe para al final lograr el objetivo de embocar. Para lograr los objetivos en el mundo de los negocios, es necesario evaluar los resultados de las distintas acciones que toma la empresa con el fin de ajustar el rumbo. A diferencia del golf, donde el objetivo de meter la bola en el hoyo es único, claro y fácilmente medible, en el mundo de los negocios el objetivo muchas veces es multidimensional, difícil de definir y difícil de medir.

Con la excepción de algunas empresas cuyo objetivo principal está medido en metas operacionales o de bienestar a la comunidad, las metas que se fijan las empresas terminan reflejándose en el valor para sus accionistas. Para aquellas empresas listadas en bolsa cuyas acciones cuentan con liquidez, el indicador a optimizar es claro y contundente, dado que su valor de mercado refleja, a los ojos de los inversionistas, no solo los resultados actuales sino la capacidad de generación futura de valor.

El inconveniente para las empresas no listadas en bolsa es que para medir su creación de valor solo cuentan con indicadores objetivos sobre el comportamiento histórico como la utilidad generada. Las acciones de su administración para generar valor a futuro deben medirse por medio de metodologías que requieren más esfuerzo y que no permiten un seguimiento en tiempo real, que van hasta la valoración frecuente de la empresa.

Muchos administradores con gran experiencia logran que sus empresas crezcan sin depender de procesos de prueba y error formales. Definen la estrategia de su empresa a punta de intuición y miden los resultados con su desempeño versus la competencia, el potencial de sus productos y servicios o los comentarios que reciben de participantes en su industria. Sus acciones audaces en el mercado, su claridad estratégica, su facilidad para comunicar y su relacionamiento les permiten a sus empresas navegar las aguas turbulentas de los negocios basados en sus habilidades por encima de las de su organización.

A pesar de que esta metodología de administración puede ser apropiada para ciertas industrias aún no consolidadas, el riesgo que se toma al depender de este tipo de liderazgo es alto. La mayoría de las empresas requieren de líderes más silenciosos, que orienten a sus empleados hacia el logro de manera sistemática, por medio de la implantación de procesos que garanticen que los empleados corrijan el rumbo constantemente con base en mediciones que permitan ver cómo va el negocio.

Por esta razón, muchas veces, los líderes silenciosos que aceitan los procesos de su empresa, para que pueda funcionar sin hacerse indispensables, deberían ser reconocidos más que aquellos que por su aura de visionarios son candidatizados en los múltiples concursos que se realizan cada año públicamente.