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La dama y King Kong

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En el juego de ajedrez es normal diseñar estrategias basadas en la capacidad de la dama. Con ella en el tablero, el jugador tiene versatilidad táctica, armas para responder a los ataques a su rey y capacidad para aventurarse en epopeyas ofensivas. Por esta razón, los jugadores excelsos han desarrollado múltiples estrategias para tomarse a la reina contraria, sacrificando a cambio piezas valiosas como las torres o posiciones privilegiadas en el tablero.

En el sector de las telecomunicaciones la dama del gobierno, para lograr un balance con los operadores, es el espectro. Sin espectro, las compañías de telefonía móvil no pueden prestar sus servicios. Con el control del Estado sobre su asignación, están obligados a prestar un buen servicio y a cumplir con sus obligaciones, mientras que, si el Estado pierde el control sobre el mismo, ya no tiene herramientas para defender a su rey si es atacado.

Muchos dirán que esta visión antagonista entre el Estado y los operadores no se compadece de las necesidades de inversión en el sector por parte de los operadores. Para ellos, el objetivo debe ser atraer la inversión para llevar la banda ancha a cada rincón del país y acabar con la brecha digital de quienes no tienen acceso al servicio de internet y, en parte tienen razón. Sin embargo, al entender que el uso de datos en los teléfonos móviles está principalmente ligado al entretenimiento en las redes sociales y, que hay más de 62 millones de líneas móviles para 45 millones de habitantes, difícilmente se puede argumentar que entregar el control del espectro a las empresas móviles por 20 años renovables disminuirá la brecha digital.

Lo que sí hará con certeza la entrega a largo plazo del espectro es quitarle el poder de negociación al Estado frente a un posible incumplimiento de los operadores de sus obligaciones. Con el espectro asegurado, estos se reirán de las eventuales sanciones gubernamentales frente al cada vez más deteriorado servicio que prestan y se quitarán de encima la espada de Damocles que implica traer nuevos operadores al país. El Estado, en tal escenario, será como un Fisher, un Kasparov o un Karpov que inicia sus partidos sin reina, con la seguridad de perder los pulsos que se le presentan en el camino.

En el pasado, los operadores demostraron la importancia estratégica de garantizar su espectro por largos períodos de tiempo. En marzo de 2014, cuando se vencieron las concesiones y los permisos para utilizar espectro de Movistar y Claro, estos lograron que se prorrogaran sin subasta. Así mismo, durante muchos años y hasta la fecha, estos operadores foráneos han tenido ventajas significativas sobre los demás operadores públicos y privados al tener acceso exclusivo a las bandas bajas del espectro, con el aval del Ministerio de Comunicaciones de la época.

Entregar el espectro a largo plazo es un error que los legisladores no se pueden permitir en la nueva ley TIC, ya que estarían sacrificando la posición negociadora del Estado para obtener un servicio de calidad. El argumento esgrimido por los promotores de la Ley TIC, de que no hacerlo limitará la inversión en el sector, simplemente no se ajusta a la realidad, ya que las redes actuales se desarrollaron sin la necesidad de asignar el espectro a largo plazo. Entregar la dama del espectro sería el King Kong de los micos.

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