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Analistas 18/09/2018

Indignación con el populismo

Marc Eichmann
Profesor MBA Universidad de los Andes

En el mundo político y económico, los cambios de tendencia significativos tienen una causa, un origen que, para que sea transparente, hay que destapar. Entender los flujos de pensamiento que fundamentan los cambios de tendencia es importante, para potenciar sus efectos positivos y limitar los negativos desde la política pública, siempre que la clase dirigente sea suficientemente responsable para anteponer el bien común a sus intereses particulares.

En la última década, muchos gobiernos han girado hacia el populismo. La elección de Donald Trump en Estados Unidos y el Brexit inglés tienen sus orígenes en él. Sin embargo, esta también ha sido la narrativa de partidos políticos como Syriza en Grecia, el Cinco Estrellas en Italia y Podemos en España.

Marine Le Pen, líder del Frente Nacional en Francia, es tal vez la populista europea más desenfrenada, con su campaña contra la Unión Europea y la globalización, que según ella ha puesto en peligro la civilización francesa. De hecho, mientras que Macron, el exitoso exbanquero, apeló a los votos de los mejor educados en ciudades prósperas, Le Pen pasó la mayor parte de su tiempo haciendo campaña en las ciudades desfavorecidas del noreste de su país.

Los populistas buscan sus caballos de batallas en la insatisfacción de segmentos amplios de la población. La mayoría de ellos está alineada las políticas de Marine Le Pen, abogando por el proteccionismo económico y contra la inmigración, con programas como el de Estados Unidos primero del presidente Trump. Su intención, avalada por millones de votantes, es responder a los temores de una clase media que ha venido perdiendo su sustento en el desempleo.

El combustible que alimenta el populismo proviene de la clase media que hasta hace veinte años era considerada acomodada entre la población. Según el economista español Fernando Fernández, el auge de la tecnología ha puesto en peligro los empleos de aquellos cuya labor es repetitiva y no tiene un componente de interacción humana significativo.

Los empleos de los contadores, abogados no litigantes, funcionarios de back office, banqueros, de aquellos que mueven personas y mercancías, entre muchos otros, están desapareciendo o desaparecerán a manos de la tecnología.

Estos profesionales referencian su destino en el pasado, en los empleos de producción de bienes que se perdieron hace décadas con el desplazamiento de las fábricas a países con menor costo, con su consecuente problema social.
El antagonismo al populismo es entendible, por ser preocupante desde la perspectiva liberal, que considera sus políticas profundamente inquietantes.

Los intelectuales lo asemejan a un mal olor, en una visión un tanto clasista, mientras millones de personas denominadas ordinarias por ellos votan por esos movimientos.

El populismo no tiene que agradar ni es necesario estar de acuerdo con él. Sin embargo, hay que tratar de ir más allá de la indignación moral y tratar de entender sus causas.

El mundo no está a punto de colapsar por el populismo, pero el estado de ánimo de amplios segmentos de la población se está volviendo amargo. Millones de personas están descontentas con el viejo orden y expresan su alienación votando en masa contra el establecimiento. En Colombia, no escucharlas y actuar en su favor desde la política pública, puede llevar a que termine gobernando un populista.