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Enseñanzas de Piketty en Colombia

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Históricamente los economistas siempre han hablado de un crecimiento de la economía mundial de 3% anual, mientras la remuneración del capital de acuerdo con los modelos Capm (Capital Asset Pricing Model) ha dado retornos aproximados de 8%. Esta diferencia, explicada sencillamente, genera que el capital con el tiempo siempre participe más en los elementos del crecimiento del planeta.

El punto anterior, supremamente bien sustentado, es la base que utiliza el economista francés Piketty, quien acaba de declinar la Legión de Honor Francesa en oposición a la política económica de su presidente Hollande, para justificar una política fiscal que grave el capital acumulado (la riqueza) con impuestos directos. Argumenta el economista francés que si el Estado no aplica políticas proactivas para limitar la rentabilidad del capital el mundo seguirá evidenciando un incremento de la brecha de desigualdad entre aquellos que tienen capital (ricos) y aquellos que no (pobres).

Otra manera de enfocar el debate propuesto por Piketty consiste en entender que aquellos que poseen capital son capaces de lograr sinergias al poner a trabajar conjunta y dirigidamente recursos de diferentes características en pro de la producción eficiente de bienes y servicios. El capital permite contratar trabajadores, comprar máquinas, afinar procesos y posicionar productos y servicios en el mercado en gran escala, lo cual baja los costos de operación y por lo tanto aumenta la rentabilidad de la inversión. Volvemos a las famosas economías de escala y las sinergias tan mencionadas por los administradores de empresas y los financieros.

El debate propuesto por Piketty ha estado de moda en Colombia dada la importancia, por lo menos teórica, que el gobierno le ha dado al tema. Está claro que el dilema no es limitar el valor de generar las economías de escala y las sinergias cohibiendo la acumulación de capital, sino repartir ese retorno de manera más equitativa en la sociedad. 

Colombia no ha sido un ejemplo a seguir en distribución de riqueza a nivel mundial, más bien todo lo contrario. Con un índice Gini de los más elevados del mundo la distribución del bienestar es muy deficiente dejando millones de personas bajo del límite de pobreza. 

Podríamos decir que Colombia está partida en dos, aquellos que acceden a la economía con presencia de capital (que trabajan en empresas establecidas con prestaciones sociales) y aquella Colombia informal en la cual la falta de presencia del capital no permite que la población reciba un mínimo de remuneración que le permita acumular el capital necesario para salir de la pobreza. Este ciclo vicioso solo puede romperse con la intervención decidida y sobretodo eficiente del Estado en incluir a estas personas en la economía formal, dándoles acceso a capital para que como individuos sean competitivos en la sociedad.

Para que el capital llegue a la economía informal se necesita que los empresarios reciban del Estado las condiciones apropiadas por parte del gobierno, que obviamente no están dado que el capital no está llegando. Si bien el estado necesita recursos para emprender estas reformas el problema en Colombia no está principalmente en gravar el capital sino más bien en la ejecución eficaz del presupuesto de la nación fondeando iniciativas para que los empresarios lleven capital a la economía informal y le den una oportunidad a esa Colombia olvidada, la Colombia del rebusque. 
 

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