Analistas

El buen gasto público

Los colombianos tenemos hoy un déficit de cuenta corriente porque compramos más de lo que gastamos. Eso que gastamos de más lo compramos en el extranjero con plata prestada, razón por la cual nuestra deuda externa ha crecido a niveles insospechados. Hace cinco años los altos precios del petróleo y el dinero que nos llegaba por inversión extranjera nos permitían mantener ese nivel de gastos. Hoy ya no recibimos los mismos ingresos y por eso gastamos más de lo que podemos para mantener nuestro consumo.

Ante estas circunstancias podríamos seguir endeudándonos, una receta que no soluciona el problema sino que lo aplaza y lo profundiza hasta que se nos aparezca otra bonanza externa, lo cual es altamente improbable en el mediano plazo. Como alternativa, si no logramos reactivar nuestra economía con nuevos productos y servicios, lo cual, cuando ha sucedido en otros países del mundo se ha denominado milagro por la dificultad con que se logra, tendremos que moderar nuestro consumo. La disminución del gasto debe darse sobre todo en el sector público, ya que si se balancea el presupuesto nacional por esta vía, se moderará el aumento en la tributación en la anunciada reforma tributaria y los empresarios tendrán incentivos para modernizar la economía.

El meollo del asunto está en que no todos los ahorros de dinero público son iguales. Hay egresos indispensables que permiten la creación de puestos de trabajo y de capacidades productivas como el de la educación o la inversión en infraestructura. En estos rubros entran los subsidios a sectores como la agricultura, si permiten competir en los mercados internacionales sin que terminen en utilidades irrazonables para sus receptores, mejorando la competitividad del país. En estos rubros se debe procurar no ahorrar.

El segundo tipo de ahorro tiene que ver con aquellos egresos que generan empleo y circulan el dinero de los impuestos entre un sector amplio de la población como los subsidios a la vivienda. Si bien estos fondos no crean una base en industrias competitivas, tienen el valor agregado de crear un techo con que los colombianos pueden ser más productivos. La ventaja de estos egresos estatales es que  impulsan la economía con un despliegue rápido y eficiente.

Por último, hay gastos como los de funcionamiento del Estado que generan como único beneficio recircular el dinero recaudado de los impuestos por medio de los funcionarios públicos, pero que no generan ni construcción de patrimonio ni aumento de la capacidad productiva. El exceso de gasto público de funcionamiento se asemeja al enorme e inútil gasto en seguridad y vigilancia que generan en el país los edificios residenciales y comerciales, en el que los guardas, muy a su pesar, no crean valor agregado alguno para la nación.

Dentro del rubro de gastos de funcionamiento poco útiles y socialmente injustos están los subsidios a las pensiones, que hoy en día benefician a aproximadamente 2 millones de personas de un total de 10 millones de aportantes y 20 millones de trabajadores. La mayoría de los aportantes no logran una pensión, principalmente porque no cumplen con el número de semanas mínimas para pensionarse. El problema es que los subsidios pensionales acumulados a los más beneficiados ya equivalen a $40 billones en gasto público proyectado como consecuencia del régimen de prima media, que podrían invertirse en construir nuevas industrias generadoras de empleo con apoyo estatal. Con estos gastos si hay que acabar.