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Atrapados por el petróleo

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Para evaluar sus oportunidades de negocio las empresas cuentan con escenarios macroeconómicos futuros en que estiman variables por periodos que normalmente oscilan entre los cinco y los diez años. Debido a que la mayoría de sus autores fueron educados en un mundo en el que los mercados son eficientes, rara vez resultan escenarios en los cuales hay disrupciones significativas. En este sentido un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo realizado por Hernando José Gómez se atrevió a predecir las consecuencias de un cambio disruptivo en el precio de petróleo a USD$60 por barril que resultaría en una tasa de cambio de COP $2.500 por dólar, una reducción del crecimiento del PIB de 4,3% a 1,4%  y un incremento del índice de pobreza de 29% a 34%, un escenario bastante preocupante para el país. Una revisión de números muestra que la demanda mundial de petróleo creció en 1,4 millones de barriles diarios de 2012 a 2013 para llegar a 92,4 millones diarios, representando el 33% de las fuentes energéticas utilizadas en el mundo. La caída del precio del crudo ha sido erróneamente atribuida a la desaceleración de la economía china a pesar de que el consumo chino creció 390,000 barriles diarios en el mismo período.

Es cierto que la innovación tecnológica y la emergencia de nuevas fuentes de energía como el gas de esquisto en Estados Unidos, que de estar en alrededor de USD $7 por mmBTU hace diez años ha caído a USD$3.6, han limitado el crecimiento de la demanda de crudo y que de un punto de vista técnico la caída de los precios del petróleo tiene límites debido a que gran parte de la producción actual de los Estados Unidos no sería viable por debajo de los 70 dólares por barril. Pero hace quince años si cinco países petroleros  -Irán, Iraq, Libia, Siria y Nigeria- estuvieran cerca o en dificultades mayores como lo están hoy se hubiera disparado el precio del petróleo y no lo contrario. La reacción normal de Arabia Saudita y otros grandes productores no necesitados de fondos en estas circunstancias habría sido proteger los precios limitando la oferta, pero curiosamente y a pesar de la emergencia de nueva producción desde los Estados Unidos gracias a la tecnología de petróleo de esquisto, han mantenido e incrementado sus exportaciones.

¿Será entonces que el precio del crudo a nivel mundial ha sido manejado con fines geopolíticos por los Estados Unidos y sus aliados petroleros como sucedió en los 90 cuando los sauditas decidieron dejar de proteger la cotización del petróleo? ¿Cuándo la mitad de los ingresos del gobierno ruso, el sesenta por ciento del iraní y del venezolano dependen del petróleo -y estos países se han enfrentado a los intereses de los Estados Unidos- no será que estamos presenciando una guerra económica en la cual lo que se busca es llevarlos a la quiebra al no poder financiar sus presupuestos?

El peso de la geopolítica está haciendo que el balance presupuestal futuro de los países productores de petróleo manejados por regímenes poco democráticos esté lejos de ser brillante, por decisiones que tienen implicaciones mucho más importantes en el ámbito global que el impacto en la economía colombiana. Y esta Colombia, orgullosa de sus instituciones democráticas, poco puede hacer para mitigar el impacto de este entorno global por contar con una distribución de ingresos similares a los de los regímenes dictatoriales de muchos países del mundo. 

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