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(Alerta de spoiler)
¿Quién iba a pensar que la icónica Miranda Priestly iba a tener que negociar una compensación con Dior, uno de sus grandes anunciantes, luego de que influenciadores expusieran las prácticas laborales cuestionables de SpeedFash, una marca de fast-fashion sobre la que la revista Runway publica un artículo? Esta es una de las primeras escenas de la segunda parte de El diablo viste a la moda, entrega en la que Priestly no solo tendrá que luchar contra los clichés de la industria de la moda (flores para primavera), se enfrentará a TikTok, creadores de contenido, algoritmos y asistentes de IA que producen textos, campañas y tendencias en segundos.
La crisis de los medios no es nueva. Pero a la caída de la pauta, a la migración de audiencias y a la dependencia de plataformas, se le suma la llegada de la inteligencia artificial como el nuevo gran temor. Y aunque en El diablo viste a la moda 2 la IA es apenas mencionada, la incertidumbre que viven los medios se refleja en los recortes de personal de Runway y The Vanguard. Muchas salas de redacción ya usan la IA para la automatización de notas, y en otras existe una presión por la productividad derivada de las herramientas que llegaron para facilitar la labor del periodista (desgrabación de entrevistas, edición de imagen y video, distribución de contenidos), y cada vez más organizaciones alertan por la destrucción de más puestos de trabajo.
Este mismo caso se repite en diversas industrias. Por eso no extrañan los recientes abucheos hacia Eric Schmidt, exCEO de Google, Scott Borchetta, CEO de Big Machine Records, y Gloria Caulfield, VP de Tavistock Development, mientras daban discursos en diferentes graduaciones universitarias; una actitud que recuerda a los movimientos luditas que se oponían al uso de máquinas en la revolución industrial. “Si no les importa la ciencia, no es un problema porque la IA tocará todo lo que nos rodea”, dijo Schmidt en medio de “boos” prolongados de los graduandos. Lo mismo le sucedió a Borchetta, conocido en la industria musical por descubrir a Taylor Swift en 2005, quien dijo que “la IA está revolucionando la producción musical en este mismo instante (…) Es una herramienta. Pueden escucharme ahora o pagarme después”. Caulfield también fue víctima de los abucheos de universitarios enojados, luego de que en medio de su discurso afirmó que “el auge de la inteligencia artificial es la próxima revolución industrial”.
Los medios de comunicación no pueden caer en el neoludismo de confundir herramienta con amenaza; deben salir al paso con su fortaleza: el acceso. Así como la nueva directora de reportajes de Runway, Andy Sachs, consiguió acceder al “Santo Grial”: una entrevista exclusiva con la filántropa y empresaria Sasha Barnes, publicada por Runway, que se convirtió en el artículo más leído de la revista en años. Los medios y los influenciadores aún tienen un arma que la IA (hasta el momento) solo puede imaginar: acceder a las entrevistas con personas de carne y hueso, que brinden información novedosa. Para la ampliación de las capacidades periodísticas en análisis de datos, traducción y distribución, entre muchas otras labores, estará la IA.
El diablo viste a la moda 2 muestra que la autoridad ya no depende únicamente de quien controla la portada, en este caso Miranda Priestly, sino de un ecosistema en el que confluyen creadores de contenido, algoritmos y asistentes de IA. Por esa razón, hay que entender que la IA ayuda a ampliar el criterio de los periodistas y no es sustituto. En otras palabras, el riesgo no es automatizar las tareas, sino las ideas. Tal como sucedió con Priestly, quien aceptó (a regañadientes) los cambios, pero no reemplazó el criterio de lo que merecía ser contado.
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A los señores candidatos y a sus séquitos, el país los está viendo, los está evaluando y espera mucho más de ustedes. Es hora de guardar la vanidad en el cajón, acordar un mecanismo de unión y plantarse juntos para defender la libertad
Estamos cerrando brechas y abriendo mercados. El agua es nuestro gran activo, y su poder económico es la herramienta con la que estamos garantizando que el Atlántico siga liderando la transformación