.
ANALISTAS

¿A comer menos carne?

lunes, 12 de agosto de 2019

“No quiero que ustedes estén esperanzados. Quiero que sientan el pánico. Quiero que sientan el miedo cada día y que actúen...que lo hagan como si su casa estuviera en llamas”, así les habló Greta Thunberg a los líderes globales, en Davos en enero pasado.

Thunberg es una joven de 16 años que se ha convertido en una de las figuras más relevantes en el movimiento en contra del cambio climático. Un día a la semana no va a la escuela y se dedica a protestar, “es más importante movilizarse para que los adultos hagan algo que aprender cosas que no servirán si el mundo se acaba”. Su argumentación y estrategia han generado controversia. Los detractores pertenecen al polo conservador que niega la evidencia del cambio climático y la consideran una adolescente que no ha superado sus problemas personales. Sus admiradores se cuentan por legión e incluyen al Papa Francisco y a la familia real de Mónaco. Su huelga de un día sin escuela es una ola a la que se suman miles de niños y jóvenes cada viernes, principalmente en Europa.

Hablar de Greta viene al caso porque esta semana se dio a conocer el informe del Panel Intergubernamental del Cambio Climático de la ONU. El documento lanza una advertencia: No basta con reducir drásticamente el uso de combustibles fósiles en el transporte, es imprescindible transformar radicalmente la cadena de producción y consumo de alimentos, comer menos carne. El impacto medioambiental de las actividades agroalimentarias es enorme y no ha sido puesto en perspectiva, advierte el informe. Entrega algunos datos: La mitad de las emisiones de metano en el mundo proviene de la agricultura y ganadería. El metano es 30 veces más potente que el dióxido de carbono en la producción del efecto invernadero. Alrededor de 75% de las emisiones de oxido nitroso proviene del uso de fertilizantes nitrogenados. Este óxido es 300 veces más potente que el dióxido de carbono.

El reporte, producido por 107 científicos y alimentado por más de 7.000 artículos científicos, se emite en un contexto de preocupación creciente por lo que pasa con la selva amazónica. Con el impulso de Jair Bolsonaro, miles de hectáreas se están deforestando para incrementar la tierra disponible para la producción de carne de exportación.

En los próximos años se incrementarán las emisiones relacionadas con la producción de comida, gracias al crecimiento en la demanda global de carne, relacionada con el crecimiento del poder adquisitivo de la población mundial, en especial la asiática. El peor escenario es que la nueva demanda sea cubierta con formas de producción como las utilizadas en Estados Unidos. De los 1.900 millones de acres disponibles, un tercio está destinado a la producción de comida para el ganado.

La forma en que usamos la superficie agropecuaria y los bosques afecta el cambio climático, pero también el cambio climático afecta las zonas de cultivo y los bosques. Hay riesgos reales de que partes del Amazonas se vuelvan tierra baldía, empobrecida, pero el riesgo no se limita a la selva más famosa del mundo. En cada país, el equilibrio está en riesgo.

No podemos decirle a la gente qué comer, pero sí ayudaría mucho que comiera mucho menos carne, que se volviera vegetariana, dice Hans Otto Portner, también autor del informe. Nos quedan menos de 10 años. El costo de no hacer nada es llegar a un punto de no retorno. ¿Qué van a querer, hamburguesa o ensalada?

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA