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Analistas 02/05/2019

Una innecesaria moción de censura

“El cabo afirma que esta persona, exmilitante de las Farc, trató de arrebatarle el fusil y que hubo una refriega entre los dos; él a no dejarse quitar el fusil y en la refriega se disparó el fusil y esta persona se vio herida y posteriormente falleció”. Así explicó el ministro de defensa, Guillermo Botero, la muerte de Dimar Torres ocurrida hace algunos días en el municipio de Concepción, Norte de Santander.

Debió ser una refriega muy particular porque, según la necropsia entregada por la Fiscalía, el fusil del cabo se disparó cuatro veces, para que luego, de manera sobrenatural según parece, el cadáver se desplazara a varios kilómetros de distancia hacía una fosa que estaban cavando miembros del ejército, donde si no es porque la comunidad graba el episodio con celulares, las exequias del señor Torres hubieran culminado sin que nunca nadie supiera donde estaba enterrado.

De todas formas, mientras el ministro aventuraba explicaciones en las emisoras radiales, su subalterno, el general Diego Villegas, comandante de la Fuerza de Tarea Vulcano, a quien pertenecían los uniformados involucrados, no comió cuento y procedió de inmediato a pedir perdón público por los hechos. “Lo lamento desde lo más profundo”, dijo, “no es suficiente, pero estoy aquí, yo me regalé para estar acá […] Es que no mataron a cualquier civil, mataron a un miembro de la comunidad, lo mataron miembros de las Fuerzas Armadas”.

La franqueza del general ha puesto entre los palos al Ministro y ahora la oposición quiere aprovechar el incidente para estrenar la moción de censura sacándolo a sombrerazos del cargo. No será la primera vez, ni la última, en que un Ministro hace las de Cantinflas en un programa de radio. Pero de ahí a suponer que una pifia radial implica complicidad en los hechos o negligencia disciplinable es, quizá, llevar las cosas demasiado lejos.

Sin embargo, no hay duda de que el episodio genera preguntas serias sobre la diligencia del ministro en el desempeño de sus funciones: ¿qué tanta información veraz posee el jefe de la cartera de defensa sobre lo que ocurre en las guarniciones militares?, ¿qué tanto le obedecen sus subalternos? y ¿hasta qué punto está el Ministro en capacidad de ofrecer protección efectiva a los desmovilizados de las Farc para evitar que este tipo de actos se sigan repitiendo? En el pasado, los ministros de defensa civiles han pecado de una mezcla de condescendencia e ingenuidad cuando se trata de faltas graves en la cadena de mando. Acuérdense de los falsos positivos.

Los cuestionamientos legítimos a la gestión ministerial se pueden responder en un debate de control político. La oposición, envalentonada por los errores del Gobierno, debe abstenerse de caer en la tentación de empezar a tumbar ministros por deporte. Y el Ministro, por su parte, debe cuidar sus palabras, evitar castigar al general Villegas -como se rumora-, y asegurarse que, por desagradable que le parezca, a los miembros de las ex-Farc no los toquen ni con los pétalos de una rosa.