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El héroe olvidado

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Luis Guillermo Vélez Cabrera - lgvelezcabrera@gmail.com

En medio de la crisis de salud más grave del último siglo vale la pena hacer un pequeño homenaje a un héroe olvidado: nuestro sistema de salud. Nunca ha sido muy popular: ha sido, más bien, un saco de boxeo, curtido y deformado por los golpes que le han propiciado políticos, medios y grupos de interés durante más de un cuarto de siglo de existencia.

Sin embargo, muchos no sabrán que el sistema de salud colombiano, aquel creado por Juan Luis Londoño y el joven senador liberal Álvaro Uribe Vélez -quien algunas veces parece avergonzarse de su paternidad-, es uno de los mejores del mundo. Sí. Así como suena. Lo dice la Organización Mundial de la Salud, muy comentada por estos días, la cual coloca al sistema colombiano en el lugar número 22 del ranking mundial, por encima de Alemania (25), Suecia (23), Canadá (30) y Estados Unidos (37). ¡Ah! Y les dolerá en el alma a los mamertos: muy por encima de Cuba, clasificada en el lugar 39.

Pero lo dice no solo la OMS, sino también la tabla que elaboró la revista CEO World, donde Colombia se clasifica en el lugar 36 entre 85 países evaluados, por encima de Italia, Chile y Brasil; ganándole a la China -lugar 46- en todas mediciones que forman el índice: infraestructura, profesionales de la salud, costos y disponibilidad de medicamentos.

El sistema de salud colombiano es un extraordinario ejemplo de una alianza público privada exitosa que ha tenido, como suele ocurrir, altibajos. Lo que empezó como un modelo de cobertura universal limitada acabó convirtiéndose, por obra y gracia del activismo judicial, en un derecho fundamental, lo cual de por sí no es malo, si se hubiera acompañado de una financiación adecuada. No se hizo y, junto con un innegable problema de corrupción, sobre todo en la red hospitalaria pública, el sistema se desprestigió entre la población.

Durante el gobierno Santos, con Alejandro Gaviria a la cabeza, se tomaron importantes medidas para la estabilización y purga del sistema, que han continuado hasta la fecha. Aunque todavía las aseguradoras de salud, las llamadas EPS, y los prestadores de servicios de salud, las IPS, se encuentran en recuperación -no en cuidados intensivos como hace algunos años- el sistema debería ser lo suficientemente sólido para afrontar una crisis sanitaria como la que vivimos.

Por eso indigna que personajes como Gustavo Petro y sus compinches de la izquierda radical aprovechen esta coyuntura para despotricar de un sistema de salud que no entienden ni quisieran entender. Secuestrados por la ideología, insisten en que debemos destruir el mejor sistema de salud del mundo en desarrollo, según la OMS repito, para aventurar una quimera socialista que nos regresaría a los tiempos bárbaros del Seguro Social. Por supuesto que el sistema necesita ajustes, entre ellos, mecanismos que garanticen el flujo eficiente de los recursos y fortalezcan el aseguramiento, pero es el momento de demostrarle a los extremistas que el sistema que Juan Luis creó está a la altura de las circunstancias.

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