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Analistas 02/09/2021

La Cartilla de Coquito

Luis Guillermo Echeverry
Abogado y Economista agrícola de Cornell University

No seamos tan estúpidos; El cuidado del medio ambiente y los derechos humanos es asunto de todos, no una bandera política a conveniencia de nadie.
Legalizar la cocaína es legalizar la deforestación de la selva tropical húmeda. Un árbol y una hoja de coca por si solos no le hacen daño a nadie ni a nada.

La coca solo se da en pocos países y solo en suelos tropicales húmedos y necesita el espacio que le roba al bosque y la luz solar si se siembra como cultivo agrícola e industrial.

La coca sin presencia humana bajo la selva tropical deja de existir en 16 meses o dos temporadas lluviosas porque la vegetación la cubre y no le entra luz. El problema lo genera el hombre cuando va y deforesta para sembrarla y cuando lleva combustibles, químicos y bases como el cemento para realizar el proceso de alcalinizar esas hojas molidas y luego derramar esos residuos en los suelos y ríos.

Tumbar selva para sembrar coca es darnos en la cabeza a nosotros mismos como civilización.

Esa desproporción de legalizar significa: Oficial y legalmente deforestar la selva tropical húmeda para extirpar los pulmones de la humanidad acelerando el cambio climático, destruyendo la capa de ozono, devastar la biodiversidad de la selva tropical húmeda, terminar con las aguas y convertir en llanura estéril toda la Amazonia.

¿Que bien pensada esa estupidez de legalizar la producción de coca no? Otra santísima astucia, tan “sana, audaz y prolifera” como tener los Narcoterroristas de las Farc, productores de cocaína y terror, que nunca han tenido ni tienen su negocio a la venta, haciendo el control político y las leyes de este país desde el seno del congreso de la Republica.

NO seamos tan tontos y tan estúpidos. Repito: El cuidado del medio ambiente y los derechos humanos no son asunto de politiquería electoral, son asunto de todos.

Es de esencial sentido común: no podemos deforestar para plantar coca ni producir cocaína.

Lo propuesto de regular las siembras de coca, es tan torpe como hacerles campaña política a NO reciclar los plásticos y reglamentar el derecho de tirar las basuras a la calle para que prolifere más polución en los ríos y mares y se taqueen las alcantarillas de las ciudades.

Sellemos la Salva Tropical Húmeda. Dejemos a la biodiversidad en paz para que haga su trabajo para conservar la atmosfera sin la cual no podremos sobrevivir.

Déjenos también la falaz y engañosa propuesta politiquera de la sustitución de cultivos. En esos suelos tropicales húmedos lo único que no debe haber es presencia humana y si la hay debe ser restringida y licenciada, bajo estrictos compromisos de protección ambiental y única y exclusivamente para cuidar que a nadie se le ocurra deforestar.

Entendamos que para proteger el medio ambiente hay que mitigar la inevitable huella ambiental.

Creemos la cultura de sembrar árboles por millones y constantemente. Creemos la cultura de generar alternativas económicas de empleo rural solo donde estas son viables y estén interconectadas a los mercados, no donde destruyan el mundo que alberga la vida y la humanidad. Le vale menos a Colombia pagar una persona sembrando arboles de vida que lo que le cuesta que estén deforestando para sembrar muerte.

No nos digamos más mentiras a nosotros mismos con fines electoreros. Recordemos que nadie se condena a si mismo con la verdad. Con el vicio de los humanos que se drogan no vamos a terminar; eso está claro, pero no debemos aumentarlo; legalizar no debe ser la excusa para entregarle a los políticos otra actividad ilícita legalizada. La cocaína mata y corroe la sociedad, las familias, los cerebros, el medio ambiente, no solo en Hollywood, genera violencia y miseria en nuestros propios hogares.

La eliminación de la deforestación para la producción de cocaína debe ser un propósito ambiental de la humanidad.