Analistas 10/12/2019

Trump en su momento más crítico

El panorama internacional mantiene su agitación. Cada madrugada, al acceder a las informaciones sobre lo que ocurre, no deja de sorprender cuán dinámico es dicho ámbito. Al cerrar la semana anterior se observó que el presidente estadounidense, odiado por muchos y defendido a ultranza por otros, está cercano a vivir su tiempo más crítico desde que llegó a la Casa Blanca. Hoy, en la cámara baja, se sigue discutiendo en torno al tema. En definitiva, el juicio político (y la posibilidad del impeachment) está a la vuelta de la esquina. Es un hecho que esta semana la Cámara de Representantes votará para que esto sea una realidad.

Por lo menos eso transmitió la presidenta del organismo, Nancy Pelosi, cuando compareció ante los medios precisando que “en Estados Unidos nadie está por encima de las leyes y (…) es por eso que luego de escuchar a muchos servidores públicos presentando sus testimonios, es factible señalar que el Presidente retuvo la asistencia militar y el acceso a una reunión, a causa de un beneficio personal”. Así, según su discurso, las acciones de Trump deben entenderse como una violación a la confianza de la opinión pública. Y luego puntualizó que “el Presidente está intentando corromper las elecciones para su propio beneficio (…) actuando en contra de su juramento de defender la constitución”.

Particularmente Pelosi enfatizó en la Constitución y en lo que los “Padres Fundadores” establecieron al dejar plasmado, tanto en ella como en la Declaración de Independencia, la defensa del interés nacional y la preservación de una democracia transparente que, de acuerdo con su posición, el presidente Trump ha quebrantado; primero, al ocultar alguna información y, luego, al manipular otra en su beneficio particular. Así, de acuerdo con la Presidenta de la Cámara, las mismas elecciones presidenciales que ya están en marcha, corren peligro.

Esos, entre otros, fueron los argumentos que expuso para instar al Presidente de la Comisión Judicial a avanzar en la aplicación de los artículos relacionados con el juicio político a Donald Trump, de la manera más sobria posible, aclaró, pero también con la contundencia que amerita la defensa del juramento que los ha puesto en el cargo que ahora ostentan (los representantes).

Definitivamente al establecer una mirada retrospectiva sobre lo que se planificó desde los meses previos a la elección del magnate, pocos equívocos se visualizan. Era claro para gran parte de los analistas y estudiosos sobre lo internacional que, de ganar, con Trump Estados Unidos iría a encontrar un buen desempeño económico, pero una gran incertidumbre política. Y eso es precisamente lo que viene ocurriendo. Políticamente Trump nunca pudo desenvolverse con éxito en su cargo, por lo menos si se considera que ocupa una posición en la que los resultados políticos son condición. Ha tenido una presidencia de administrador apolítico.

No obstante lo anterior, algo es claro. A pesar de lo que se pueda anotar en contra del presidente estadounidense, de sus dudosos resultados en materia de política doméstica e internacional y de su infructuoso liderazgo, tiene que concedérsele la razón, por lo menos, cuando precisa que el tema de los juicios políticos a los presidentes no deja de estar sobre la mesa de los contradictores desde el mismo momento en que se posesionan los mandatarios.

Para ello es justo recordar que desde que se juzgó políticamente al presidente Bill Clinton, con resultados favorables para él, en las administraciones Bush (hijo) y en las de Obama, se hizo recurrente referirse a la necesidad de un impeachment, pero ello nunca prosperó. Hoy es un mecanismo de control esporádico que se ha vuelto recurrente. Así las cosas, ha venido perdiendo fuerza una de las herramientas mejor adscritas al liberalismo norteamericano y por ello sus contradictores debieran festejar poco, no sea que se quede, otra vez, en un simple trámite legislativo.