El pasado viernes se produjo una sinergia entre profesores de la Facultad de Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia y algunos miembros de la Red Colombiana de Relaciones Internacionales, principal asociación que alberga a los internacionalistas y estudiosos de lo global en el país. La excusa para reunirse y deliberar desde diferentes perspectivas y metodologías fue el vecino país. “Venezuela: más allá de sus fronteras” fue el título que se asignó al encuentro y éste se convirtió en una oportunidad para reflexionar, desde la óptica de los expertos, sobre una diversidad de asuntos que tienen que ver con las relaciones internacionales de Venezuela.

El evento, que facilitó la realización de un podcast para el programa Coordenadas Mundiales, comenzó con la respectiva contextualización histórica, política y social, por parte de los investigadores asistentes (Johanna Mogrovejo, Maria Teresa Aya y Jean-Marie Chenou, con la moderación de César Páez). A pesar de parecer un lugar común, es preciso insistir en el vaivén existente en las relaciones bilaterales entre Colombia y Venezuela. No obstante la hermandad, el diálogo entre estos dos gobiernos es de altos y bajos. Desde que nacieron ambas repúblicas, hasta hoy, esos ciclos son la constante. Ahora, y desde 2008, la relación pasa por un mal momento. Pero es seguro que a futuro llegarán nuevos buenos tiempos.

En la conversación se planteó la necesidad de analizar la frontera desde las realidades existentes sobre el terreno. El concepto de frontera, que las clasifica entre abiertas y cerradas, naturales y artificiales, o vivas y muertas, facilitó durante un buen tiempo su comprensión, de acuerdo con su dinamismo y actividad. Sin embargo, hoy la frontera se concibe como un lugar de convergencia y no de separación. En tal dirección, los académicos precisaron la necesidad de estudiar el comportamiento de los actores que hoy convergen en la zona.

El diálogo giró hacia el análisis de actores clave, tanto del sector privado como de los diferentes entes gubernamentales. Sin embargo, hubo consenso en que las acciones gubernamentales, a nivel nacional, regional y local, lucen pálidas e insuficientes en comparación con las actividades del sector privado, educativo y otras facciones de la sociedad a las que realmente importa la eliminación de las diferencias en la zona. Incluso, se resaltó el papel de la iglesia católica en estas dinámicas.

En la conversación se ejemplificó el diálogo entre las universidades. La relación e interacción entre los académicos de la zona de frontera ha mantenido el factor colaborativo. Sin duda es algo no menor, dado que esta masa crítica, que ha hecho ingentes esfuerzos por aportar en la solución de las dificultades, mantiene intacta su posición de trabajo en favor de las convergencias fronterizas antes que en el fortalecimiento de las divergencias.

Otro aspecto tuvo que ver con la posición de Colombia (tanto su población como sus instituciones) frente a la oleada migratoria de ciudadanos venezolanos a su territorio. Se destaca que, a pesar de los efectos adversos generados por la llegada de esta importante cantidad de personas, la reacción en general ha estado orientada hacia la cooperación. A pesar de algunos brotes xenófobos, es real que los organismos del Estado han hecho todo lo correspondiente para controlar dichas renuencias. La posición de las instituciones en Colombia ha sido muy positiva.

Como conclusión del ejercicio es importante insistir en la participación en estos espacios y actividades, no solo por parte de los estudiantes de los pregrados relacionados con estos temas, sino de personas adscritas a todos los sectores de la sociedad. Sin lugar a dudas resulta de gran utilidad ilustrarse frente a estas dinámicas y así dejar de participar en conversaciones triviales que, en su mayoría, terminan alimentando debates banales en las redes sociales.