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Referendo en Turquía

En dos semanas la sociedad turca decidirá la posibilidad de un cambio político trascendental, votando el referendo constitucional del 16 de abril. De ganar el Sí en dicha consulta, el actual presidente transformará su actual posición en el sistema parlamentario y asumirá un rol preponderante como cabeza del poder Ejecutivo, siendo aún presidente de la república, pero con una lista de novedosos “súper” poderes que están generando temor a largo y ancho del país. Se propone el cambio de sistema, de parlamentario a presidencial.

Recep Tayyip Erdogan, el otrora primer ministro, alcanzó la presidencia del país desde hace tres años. Posterior al malogrado golpe de Estado de 2016, ha sido un político controvertible en sus relaciones con el continente europeo. Máxime, considerando el trato que desde Bruselas se ha dado a los turcos en materia de adhesión a la Unión Europea (UE). En las últimas semanas se han dificultado las relaciones bilaterales entre Turquía y Holanda, a causa de la negativa del primer ministro holandés para que en su territorio se adelante campaña política para el referendo. También con Alemania ha habido escaramuzas ancladas en juicios con poco fundamento emitidos por Erdogan contra Angela Merkel.

El referendo propuesto por el presidente turco, a través del parlamento, se aprobó luego de largos e intensos debates. Ahora, quedan pocos días para que se vote y, de ganar el Sí, Erdogan alcanzaría un poder inusitado en toda la historia de la Turquía posterior al Imperio Turco Otomano. El presidente propone ampliar sus poderes, extenderse en el tiempo y controlar al Legislativo.

Los acontecimientos más recientes han crispado los ánimos, no sólo al interior de Turquía sino en toda la región del Medio Oriente, pero fundamentalmente en Europa. Los críticos han insistido en que la actitud de los gobiernos holandés y alemán ha servido para que la campaña en favor de la reforma interna turca se facilite. Sumado a ello, Dinamarca se ha ubicado en posición similar, desviando algunas actividades con participación de funcionarios turcos. Incluso con Noruega hubo inconvenientes. El gobierno francés por su parte, se ha mostrado menos radical y ha permitido su intervención en diferentes reuniones que convocan a la población del país que se encuentra allí radicada.

Pero si en el continente europeo se halla un ambiente tan convulso, también al interior del país existen considerables denuncias sobre la manera como las campañas, sobre todo la del Sí, se han venido manejando. Denuncias de amenazas y presiones por parte del gobierno, control de los medios de comunicación y exclusión de los mismos a todo quien se pronuncie en favor del No, fueron expuestas recientemente por miembros de la oposición en diversos medios y foros realizados. 

Se espera que en estas dos semanas previas al ejercicio democrático se agudice la competencia y se empleen estrategias no tan pulcras por parte de gobierno y oposición. El panorama está lo suficientemente tenso. Al final, de imponerse el voto favorable al cambio, se visualizará a un presidente turco con mayor poder, menos control y lo suficientemente envalentonado para gobernar y hablar fuerte a los europeos. No obstante, el voto políticamente reflexivo debiera defender las actuales instituciones, controlar a Erdogan y mantener el statu quo.