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Analistas 20/04/2021

¿La mejor reforma fiscal?

Luis Felipe Gómez Restrepo
Rector de la Universidad Javeriana Cali

“Todos ponen” debería ser el slogan de la reforma fiscal. Lo que se pretende es generar muchos más contribuyentes y tapar el hueco fiscal asegurando un mayor gasto social. Gasto social que en estos tiempos de pandemia son urgentísimos. No hacer reforma saldría muy costoso para el país, pues tendría un efecto muy grave mantener un alto déficit fiscal, y lo que puede ser más grave, elevar el costo y reducir la accesibilidad a la financiación internacional. O peor sería no hacer el gasto social en medio de la bomba social en que vivimos. Así toca hacer la reforma, como lo están haciendo otros muchos países. El punto es, ¿cómo hacer la mejor reforma en medio de la crisis?

Hay cuatro criterios: que sea realmente progresiva y que la estructura de impuestos y gastos permitan una protección de los más vulnerables y de manera sostenible. Si se quiere, este sería el mejor impacto de la pandemia en el manejo del país fiscal con una perspectiva de solidaridad.

Hay un indicador escandaloso para Colombia en la estructura actual, que el efecto neto fiscal (cobro y gasto) no genera un mayor impacto redistributivo en el país. Y allí es necesario que hagamos importantes transformaciones. La progresividad hay que asegurarla. Las políticas ya implementadas de compensación del IVA para los estratos más bajos abren una posibilidad muy interesante para mejorar la administración del IVA, ya existe evidencia empírica sobre el efecto positivo de esta devolución.

El segundo punto es que los esfuerzos tributarios no pueden quedarse focalizados en los mismos de siempre (empresas, que generan el 80% de los impuestos de renta), sino en muchas personas naturales. Y este es un cambio que puede doler en su implementación, pero es la mejor forma de hacer participar a muchos más colombianos en la generación de recursos para el Estado y asegurar la dinámica de las generadoras de empleo formal.

Los números de personas naturales contribuyentes hay que elevarlos y, si se mantiene el principio de progresividad, debe ser en dosis según sus posibilidades. La idea es que se pase de un poco más de un millón de personas a más de cinco millones. Igualmente, gravar las pensiones por encima de $7 millones, pero gradualmente. Todo ello necesitará una profunda y seria pedagogía. Si la gente entiende las razones y destino de sus impuestos podrán aceptar mejor los cambios. Hay un profundo sentido de solidaridad que debe tocar la conciencia de los colombianos. Y hay otra conciencia, la de evasores, que con la especialización y modernización de la Dian se tocará.

El tercer criterio es la necesidad de gradualidad en tiempo. La Andi propuso una gradualidad en el desmonte del descuento del ICA y de la reducción de la tasa impositiva a las empresas. Ello puede ayudar a la dosificación de los puntos anteriores a fin de que el impacto sobre el ingreso disponible de las personas no se vea tan afectado en el corto plazo. Es más, se debería analizar si más bien se deroga el descuento del ICA sencillamente. Igualmente, los días sin IVA, que al parecer sencillamente movieron demanda y no crean nueva demanda.

El cuarto criterio son las transformaciones estructurales, que desafortunadamente no toca. Y son dos reformas importantísimas que, por miedo político, se han quedado en el congelador: la pensional, para financiar las pensiones futuras, y la de reducción de los parafiscales a la nómina, para poder generar más empleo. Estos dos temas quedan pendientes y harán que la reforma no sea la mejor.

La reforma fiscal es necesaria, pero hay que hacer la mejor posible. Los políticos deben ser muy serios con el futuro del país. Hay que oír a los técnicos, ver la evidencia empírica y, lo fundamental, ser responsables con el impacto de las personas más vulnerables. Entre más cuidadosa sea la reforma, permitirá una mayor estabilidad en el tiempo. En este tiempo hay que ser estadistas, no politiqueros ni oportunistas.