.
Analistas 07/04/2026

La esperanza: sentido y responsabilidad

Luis Felipe Gómez Restrepo
Profesor Universidad Javeriana Cali

Hablar hoy de esperanza puede sonar casi ofensivo. Mientras en distintas regiones del mundo la guerra sigue arrasando vidas, el deterioro climático castiga con mayor crudeza a los más vulnerables, millones de personas padecen hambre y persisten discriminaciones por etnia, género, religión o ideas políticas, invocar la esperanza parece, para algunos, un acto de ingenuidad. Para otros, una mentira piadosa. Y para otros más, un escapismo emocional o un opio espiritual para soportar la dureza del presente.

La objeción merece ser tomada en serio. Porque si la esperanza consistiera en negar la realidad, en endulzar el sufrimiento o en repetir frases tranquilizadoras mientras la historia sigue dejando víctimas, entonces no solo sería inútil: sería inmoral. Una esperanza que no sea capaz de mirar de frente el dolor del mundo no merece ese nombre.

La tradición cristiana, sin embargo, no propone una esperanza superficial. No nace de la comodidad ni del autoengaño, sino del contacto con la herida. Sabe que existe un pecado estructural que organiza desigualdades, normaliza exclusiones y justifica violencias. Pero sabe también que hay un pecado personal, íntimo y cotidiano, que alimenta ese desorden mayor: la indiferencia, el egoísmo, la mentira, la codicia, la incapacidad de reconocer al otro como un hermano.

Allí aparece el corazón del mensaje pascual. En la Semana Santa contemplamos que, precisamente desde la Cruz, desde el sufrimiento de Jesús, desde el lugar de la aparente derrota, se abrió una luz. Allí donde parecía triunfar la violencia, Dios hizo surgir una promesa. La muerte no tuvo la última palabra; la última palabra fue la vida en Dios. Esa no es una afirmación decorativa ni una metáfora para tiempos litúrgicos. Es una verdad que, si se toma en serio, cambia el modo de habitar el mundo.

Pero la esperanza cristiana no es pasividad. La esperanza es, ante todo, una responsabilidad. Quien cree de verdad que la vida puede abrirse paso aun en medio de la oscuridad, no puede convertirse en espectador del sufrimiento ajeno, ni acostumbrarse a la injusticia, ni pactar con el cinismo.

La pregunta decisiva no es, entonces, si todavía hay esperanza en abstracto. ¿Cómo ser una chispa de luz en medio de una cultura que tantas veces trivializa la vida? ¿Cómo sostener la dignidad del otro cuando todo invita al descarte? ¿Cómo cuidar, reconciliar, compartir, defender la verdad y proteger a los más débiles?

Tal vez la forma más honda de la esperanza sea esta: no retirar el corazón del dolor del mundo. No pasar de largo ante la herida, no acostumbrarse al llanto ajeno, no dejar que la tragedia de los otros se vuelva paisaje. Esperar, en sentido cristiano, es hacerse moralmente responsable de la noche de este tiempo. Es encender una lámpara, aunque sea pequeña, allí donde alguien está perdiendo la fe en la vida. Así, la Resurrección deja de ser solo una promesa futura y comienza, silenciosamente, a abrirse paso en la historia.

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA

MÁS DE ANALISTAS

ÚLTIMO ANÁLISIS 07/04/2026

El poder de la gratitud

Reducir la gratitud a los momentos en que alguien hace “más de lo esperado” es un error frecuente. Construir una cultura de gratitud va mucho más allá, y sus beneficios son a largo plazo.

ÚLTIMO ANÁLISIS 06/04/2026

Rama judicial, democracia y narcotráfico

En la última década, vemos un preocupante debilitamiento de la separación de poderes, con particular amenaza sobre el eslabón de la Rama Judicial. Baste con analizar la estrategia Trump 2.0, profundizando el debilitamiento de los “frenos judiciales”

ÚLTIMO ANÁLISIS 06/04/2026

Firmar no es acordar

He visto acuerdos bien estructurados venirse abajo en pocos meses y otros, imperfectos en el papel, funcionar durante años. La diferencia no suele estar en el contrato, sino en cómo se manejan tres dimensiones que muchas veces se subestiman: las personas, la confianza y la estructura