Analistas

Biotecnología para la biodiversidad

El territorio colombiano hospeda alrededor de 10% de las especies conocidas en el planeta en solo 0,7% de la superficie de la tierra. Según los estimativos oficiales tiene cerca de 57.000 especies, dándole el puesto 14 con mayor índice de biodiversidad en el mundo. Es más, para algunas especies tenemos el primer puesto mundial en aves y orquídeas, y ocupamos el segundo puesto en plantas, anfibios, peces de agua dulce y mariposas. Estamos, pues, sentados en una inmensa riqueza natural, que nos debería hacer una potencia a nivel de biotecnología.

La biodiversidad se comprende por el Convenio sobre diversidad biológica como: “La variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y otros ecosistemas acuáticos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas”. Pues, bien, Colombia es un país considerado como megadiverso. Los estimativos del Ministerio de Medio Ambiente con muchos centros especializados muestran que en Colombia existen 98 tipos de ecosistemas generales y más de 8.000 específicos.

Para explotar esta gran riqueza, se tiene como carta de navegación el documento Conpes 3697 de 2011: “Política para el desarrollo comercial de la biotecnología a partir del uso sostenible de la biodiversidad”. Tiene como objeto crear condiciones económicas, técnicas, legales e institucionales para atraer inversión pública y privada para el desarrollo de empresas y productos comerciales que hagan uso sostenible de la biodiversidad, de los recursos biológicos y genéticos. Busca convertir la ventaja competitiva como dinamizador del desarrollo socioeconómico y ambiental. Para aprovechar la innovación en las fronteras para la farmacéutica, cosmética, agroalimentaria y la industria de ingredientes naturales.

El país vive en unas condiciones especiales por el crecimiento de la población, lo que exige una política de seguridad alimentaria y cuidado en la salud, cuyas respuestas pueden estar en los desarrollos de la biotecnología. Además, el conflicto armado colombiano supuso dos escenarios complejos en materia ambiental. En primer lugar, la presencia de actores armados dificultó el acceso a ecosistemas valiosos que hoy, en el marco del posacuerdo, se aprestan para abrir sus servicios ambientales a la realización de distintas actividades como la investigación de biodiversidad, la autorización de actividades extractivas de recursos naturales, de turismo, de conservación, entre otras. En este orden de ideas, se debe hacer una juiciosa y detallada evaluación de la fragilidad del ecosistema, de su capacidad de carga, de su diversidad biológica, de la apropiación cultural que la comunidad asentada en el territorio hace de la naturaleza, para determinar los usos que estos ecosistemas tendrían sin representar una amenaza seria para su sostenibilidad.

Para ello es fundamental que se haga una política que priorice sinceramente la generación de ciencia. La apuesta por el conocimiento debe ser muy clara, no solo por el dinamismo académico como tal, sino por el impacto en beneficio de la humanidad. Y en este sentido muchas universidades deben asumir una actitud muchísimo más proactiva que busque impactar el bienestar de la gente. Esto se logra si hay un marco de plan multisectorial de desarrollo de la biotecnología, donde se apoye firmemente el emprendimiento académico-empresarial. Nuevamente, la cercanía de las universidades al sector industrial es fundamental. A su vez, una sana combinación de competencia y colaboración, seguramente impulsará definitivamente el sector.

La biotecnología es una enorme oportunidad que el país tiene para generar valor agregado a su riqueza natural y ofrecer no sólo nuevas soluciones para las necesidades del mundo, sino el desarrollo de nuevos sectores empresariales para la generación de empleos de calidad.