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Si no la tuviéramos, la estaríamos pidiendo

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Imagine que el gran conjunto de los países más desarrollados del planeta han fincado su avance social en un sector del cual demandan cada vez más y que les apuntala los avances tecnológicos especialmente de equipos refinadísimos. Imagine que si ese sector no existiera en Colombia, estaríamos en las mismas condiciones de mediados del siglo veinte, pobres de solemnidad, sin un verdadero estado, sin fuerza pública, sin capacidad de endeudamiento, sin clase media, sin capacidad para importar o exportar, sin infraestructura, sin coberturas universales de salud y de educación, sin tasas de inversión que garanticen un sostenible crecimiento futuro.

Pues bien: ese sector es el de minería e hidrocarburos. Voy a referirme solo a la minería porque ya hay cierta conciencia de que el petróleo nos dio el jalonazo de progreso que tanto esperamos. No es fácil creer que Noruega, Canadá, Australia, Reino Unido, Rusia, Brasil, Estados Unidos, Alemania, entre otros, son países mineros. Lo fueron, lo son y lo serán durante varias generaciones más si quieren mantener su progreso tecnológico, así la participación minera en el PIB sea poca. Ah, y también son verdes: explotan sus recursos naturales y cuidan su entorno y exigen a otros incluso un cuidado mayor que el propio. Quienes ligeramente creen que se puede progresar sin tocar los recursos que la naturaleza ha puesto al servicio de las sociedades, con todos los cuidados eso sí, transmiten sus pesares y preocupaciones, su oposición a la minería y sus argumentos extremos a través de teléfonos celulares, laptops y computadores, satélites y antenas cuyo origen no es propiamente vegetariano; es minero, tienen hierro, carbono, oro, plata, níquel, cobre, tierras raras, metales escasísimos y productos sintéticos que les han permitido difundir sus críticas y a los demás ciudadanos recibirlas.

En el caso colombiano, la minería, solo ella sin petróleo, ha aportado a las finanzas del estado en 14 años más de $20 billones o US$7.000 millones en regalías; el equivalente a tres reformas tributarias! Y eso sin contar los impuestos de renta, IVA, prediales, superficiarios, tasas y derechos en las CAR y otros prendengues. Y ojo que el PIB minero del país cayó el año pasado casi 7%, poniendo en peligro esas rentas insustituibles del estado. Disminuímos producción en toneladas de oro, hierro, carbón y esmeraldas. Mantuvimos los niveles de 2014 en níquel y aumentamos algo la de cobre, a pesar de que los precios se mantuvieron estables al igual que las exportaciones de cerca de US$12.000 millones. Eso significa que la caída del PIB minero se debe a otros factores, especialmente de regulación, estabilidad jurídica e intervención social. Si fomentáramos la minería responsable en vez de perseguirla, este año 19 podría contribuir al fisco con más de US$4,5 billones en regalías y renta, casi el doble de 2016.

Hay que mantener la política férrea de lucha contra la minería ilegal de gran escala y refinar los controles sobre la que está en esa zona gris con títulos y sin licencias ambientales como se hizo en los últimos años. Y premiar a los formales no con subsidios sino facilitándoles su función fundamental en la cadena económica: la de proveer los bienes naturales que requiere nuestro desarrollo cuidando el medio ambiente y cuya explotación racional y formal, nos convertiría en país desarrollado aceleradamente, como sucedió con los que ya son desarrollados.

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