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No se habían acabado las elecciones y el país pasó a concentrarse en el mundial de futbol donde dimos la talla que siempre hemos dado, para algunos una actuación mediocre, para otros es motivó de orgullo y muestra de mejoría ya que en el anterior mundial no estuvimos si quiera.
Y este debate de si la Selección fue buena, regular o mala se ha extrapolado como cada cuatro años a un análisis socioeconómico de cómo vamos como nación, en octavos de final las únicas naciones que estaban cerca o debajo de nosotros en cuanto PIB anual, per cápita, gastos en educación y tasas de desempleo (según el medio español “Expansión” en su página dedicada a datos macroeconómicos) son Paraguay, Marruecos Y Egipto. Las que están justo arriba de nosotros son Argentina, México, más alejada Brasil y ya en una categoría distinta inicia Canadá, Portugal, Bélgica, Noruega y luego ya en la estratosfera están Francia, Suiza, USA, Inglaterra, etc…
Y como ofrecen fórmulas mágicas y soluciones obvias para lograr unos cuartos de final en la siguiente copa del mundo, se ofrecen empalmes todopoderosos que evidenciaran todos los problemas y mala administración del país, que, dentro de cuatro años para el centenario de la copa del mundo, seremos una pequeña potencia como Bélgica o Noruega.
A la Selección la lleva arrastrando problemas profundos, jugadores abiertamente indisciplinados persiguiendo el mejor contrato en vez de su crecimiento como jugador, posibles jóvenes promesas que se van del país y no vuelven por la corrupción y malos tratos que sufrieron por parte de las directivas, y la prioridad de los clubes de futbol colombianos de desarrollar a sus jugadores para venderlos a las ligas que les pagan mejor por ellos en vez de desarrollarlos para que tengan química con el resto de jugadores colombianos y sean mejores jugadores en una selección colombiana que en un club alemán.
Codicia, vivobobismo, fuga de cerebros y extracción de recursos descontrolada en favor de intereses extranjeros. Suena a lo que muchos atribuyen como los problemas de Colombia. El tema es, no solo no son solucionables en cuatro, ocho o 12 años, tienen que ser vistos como lo que son. No la crisis coyuntural del momento porque a los medios les dio por poner el reflector en estos problemas, sino ejes centrales que timonean como el país va y seguirá desempeñándose, en cuanto a predicciones de mundiales futuros, ya que esto a final de cuentas es una opinión, nos esperan 100 años de octavos de final.
Los territorios que progresarán después de la emergencia no serán necesariamente los que más recibieron, sino los que tuvieron la capacidad de convertir este momento en oportunidades y capacidades permanentes
Mientras la única cifra sobre la mesa salga de un titular, la junta conversa sobre adopción; cuando salga de su propia medición, la dirige. Ninguna estrategia de inteligencia artificial, pública o de empresa, puede saber si funciona sin una serie capaz de contradecirla