Las controversias con el gobierno boliviano han reforzado la percepción de una diplomacia excesivamente atravesada por afinidades ideológicas y posicionamientos políticos personales.
Como he argumentado decenas de veces en otras columnas, en las elecciones de 2026 no nos jugamos una elección: nos jugamos el modelo económico y el futuro de la democracia en Colombia
Y no nos equivoquemos. Aun cuando haya preferencias, matices e incluso diferencias entre ellos, la disputa de fondo, al final del día, es con Cepeda y con el gobierno petrista que lo fomenta