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ANALISTAS 13/08/2026

Lo que el terremoto no pudo tumbar: el olvido

Laura Sarabia
Exembajadora en Reino Unido
LAURA-SARABIA
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El lunes, Colombia tembló. A los pocos minutos, las redes se llenaron de chistes crueles, publicidad y comentarios sin sentido, mientras miles de familias buscaban a sus seres queridos, las líneas de comunicación colapsaban y los edificios caían. La tierra nos puso a prueba como país para sostenernos los unos a los otros.

Al momento de escribir esta columna, el gobierno había confirmado 202 fallecidos, miles de heridos y viviendas colapsadas en todo el país, sin contar cerca de 195 desaparecidos que aún no hemos logrado encontrar. Hemos visto las mismas imágenes repetirse en Pereira, Manizales, Cali y Chocó: niños bajo los escombros, familias que lo perdieron todo, pero también miles de colombianos ayudando sin condiciones.

Colombia está herida, y esta herida no golpea igual a todos. Pereira, Manizales y Cali se levantarán más rápido: tienen capacidad institucional y músculo económico. El Chocó no. Ahí la herida es más vieja: duele ver décadas de promesas incumplidas por gobiernos de todos los colores, duele que solo lo volteamos a ver cuando llega el desastre, para olvidarlo a los pocos días.

En varias oportunidades pude conversar con la gobernadora del Chocó, una mujer comprometida con su departamento. Lastimosamente, casi siempre hablamos en momentos de tragedia, y reconozco que le fallamos como gobierno una y otra vez, mientras ella batallaba por un mejor hospital y por el futuro de un pueblo del que se siente profundamente orgullosa.

Este gobierno acierta en apostarle a la descentralización, pero descentralizar no es mudar el escritorio a las regiones: es llevar el presupuesto hasta allá, a Cali, a Manizales o al Chocó. Y es en el Chocó donde esa deuda es más antigua: que tenga agua potable, energía constante, turismo sostenible, y que sus niños no tengan que dejar su tierra para estudiar. Llevamos décadas de gobiernos, de todos los colores, que lo intentaron a medias. Seguimos en deuda con este departamento.

La reconstrucción que viene es la prueba de esa apuesta. El Estado no tiene el músculo ni la capacidad para levantar solo lo que el terremoto derrumbó en segundos, ni puede darse el lujo de esperar años. Ahí las alianzas público-privadas dejan de ser un concepto técnico y se vuelven una necesidad urgente: empresas que financien vías, hospitales y acueductos a cambio de obras por impuestos; gremios que aporten capacidad técnica; capital privado comprometido con el largo plazo, no solo con la donación del primer mes. Bien diseñadas, con reglas claras y control ciudadano, las APP pueden ser el puente entre la plata que existe y las regiones que la necesitan.

Esta es la oportunidad para que TODOS le apostemos a la reconstrucción del país, para las alianzas público-privadas, para quitarnos la camiseta de oposición o de gobierno y ponernos, de una vez por todas, la de Colombia.

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