MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
A los 18 años rompió la centenaria tradición familiar. Quizá, la más importante. En aquel pequeño pueblo en una remota montaña japonesa, nació su padre, sus abuelos, sus bisabuelos y todo el árbol familiar que podría rastrear. Toda la tierra que conocían era la que nunca les interesó ni medir. Su mamá hacía parte de esa extensión territorial y provenía de la lejana villa más cercana. Así era el arraigo.
Él fue el mayor de tres y el primero en irse. Tokio, Maine, Nueva York, Minnesota, Virginia, Columbia, Chicago… acumuló millas, años, títulos, idiomas. Yoshi, su padre, pasó de los 91 años en el mismo sitio. Y fue más feliz. Es lo que ahora concluye tras décadas de su acto de rebeldía juvenil.
No es que se arrepienta, es que se especializó en el estudio de qué hace a una vida, una buena vida. Como parte de ese viaje del que nunca volvió para quedarse, publicó más de doscientos artículos científicos sobre felicidad y sus resultados han sido usados como fundamento por otros investigadores cien mil veces. Son citas académicas, la manera en que la comunidad científica mide el impacto de un investigador.
Su padre envejeció con sus amigos de infancia en un entorno unido. ¿Una buena vida? La psicología se dividía en dos modelos. La vida feliz, con emociones positivas y poco sufrimiento. La vida significativa, dedicada a algo más grande que uno mismo. Una buena vida era alguna de esas opciones, pero la vida feliz lleva a la complacencia.

A instalarse en lo conocido hasta que un día se mira atrás y algo falta. La vida significativa lleva a la estrechez. A lealtades tan fijas que no dejan ver más allá de lo propio. Quizá su padre tenía solo un poco de todo ello y de cada cosa, pero era feliz.
Había un tercer tipo de persona como él que los dos modelos ignoraban. La que no busca principalmente sentirse bien ni hacer el bien. La que necesita experiencias que amplíen lo que sabe sobre el mundo y sobre sí misma. Que la obliguen a mirar desde un ángulo que antes no existía. Para esa persona la psicología no tenía nombre ni categoría.
La trataba como si fuera inquietud, inmadurez, incapacidad de quedarse quieta. El creó y bautizó el modelo recién nacido. Lo llamó riqueza psicológica. No es lo mismo que felicidad ni lo mismo que significado. Es la acumulación de experiencias que cambian la perspectiva y lo que define a la experiencia no es su tamaño ni su intensidad. Es lo que se mueve adentro después de que ocurre. Si algo en la manera de ver el mundo se desplazó, hubo riqueza psicológica.
'Más allá de la felicidad, el poder de la riqueza psicológica para transformar tu vida', es el libro de Shigehiro Oishi, quien alguna vez en búsqueda de sus propias experiencias rompió una centenaria tradición familiar.
El FMI proyecta un crecimiento mundial de 3,1% en 2026, lo que implica una revisión negativa de 0,2 puntos porcentuales frente a estimaciones previas
La historia de estos colombianos es, en muchos sentidos, la historia de miles: formación inicial en el país, desarrollo profesional en el exterior y contribución decisiva a sistemas científicos que no son el propio