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Inteligencia artificial y retos educativos

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Cada vez más la Inteligencia Artificial se integra a nuestras vidas. Sistemas de algoritmos controlan vehículos que se conducen solos, derrotan a grandes maestros en partidas de ajedrez, hacen avisos publicitarios a la medida del cliente, o nos hacen recomendaciones en Netflix a partir de aquellas series y películas que más nos gustan. Al mismo tiempo, estos sistemas desplazan a profesionales de disciplinas como el derecho, las finanzas, la economía o las ingenierías, con lo que muy pronto tendremos un mundo en el que coexistamos permanentemente con máquinas que aprenden y ejecutan muchas de nuestras tareas. ¿Está el sistema educativo preparando a las nuevas generaciones para los retos que plantea la Inteligencia Artificial?

El ámbito de la Inteligencia Artificial se refiere a tecnologías en las que las máquinas, en lugar de ser programadas, se entrenan a sí mismas, aprenden de sus errores, y utilizan esta información, combinada con grandes cantidades de datos, para refinar los algoritmos matemáticos con los que funcionan. El efecto disruptivo de estas tecnologías es indiscutible. No solo se trata de máquinas que ejecutan tareas que hasta hace poco eran exclusivas de los humanos, de manera eficiente y a rápidas velocidades, sino que además obligan a repensar las formas de interacción entre humano y máquina. Y es allí donde el sistema educativo enfrenta importantes retos.

Joseph Aoun, de Northeastern University, señala la importancia de que los colegios y universidades fortalezcan su trabajo en el desarrollo de habilidades tecnológicas -conocer los alcances y límites de las máquinas- en el manejo de grandes volúmenes de información y en el desarrollo de competencias humanistas.

Será necesario, por ejemplo, el fortalecimiento de habilidades para incorporar la información y análisis que pueden hacer las máquinas y, de esa manera, involucrarlas en los procesos de toma de decisiones humanas. Asimismo, se requerirá mayor predisposición a la búsqueda de soluciones creativas a problemas recurrentes, donde las máquinas podrán suministrar importantes insumos, pero se requerirá una profunda reflexión humana sobre las implicaciones éticas y morales de las diferentes alternativas. Igualmente, se valorará cada vez más el trabajo en equipo, el análisis crítico, la empatía y las capacidades para resolver conflictos y generar alternativas de beneficio común.

Las instituciones educativas tendrán que fortalecer tanto las destrezas computacionales de sus estudiantes, como su capacidad de interactuar con máquinas, al tiempo que incentivan habilidades emocionales y desarrollan competencias que son exclusivamente humanas.

Llama la atención, entonces que, a pesar de los rápidos desarrollos en este campo, sea poco lo que los gobiernos y los sistemas educativos -incluso de varios países desarrollados- están preparándose para los retos que plantea la Inteligencia Artificial en el futuro cercano. Recientemente Henry Kissinger señalaba el rezago de Estados Unidos frente a tales desafíos, mientras que, desde otra orilla, China ha sido enfático en su aspiración a convertirse en un líder global de dichas tecnologías.

Los colegios y universidades deben contemplar estas nuevas realidades a la hora de diseñar sus contenidos y el tipo de formación que buscan darle a sus estudiantes; finalmente, ese es el entorno en el que los jóvenes de hoy tendrán que desenvolverse.

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