No le salió bien al Gobierno la decisión de algunos de sus funcionarios y figuras destacadas del Centro Democrático de apoyar la candidatura de Donald Trump en su objetivo de conseguir la reelección. Independientemente del resultado electoral de la próxima semana, esta apuesta podría ser costosa para los intereses colombianos.

La decisión fue un error estratégico por varias razones. Es bien sabido que asuntos trascendentales para el país, como el esfuerzo conjunto en la lucha contra el narcotráfico, han tenido un respaldo bipartidista, por lo que sienta un mal precedente el apoyo abierto hacia uno de los candidatos. Esta semana, la embajada de Estados Unidos en Bogotá instó a los políticos colombianos a evitar involucrarse en las elecciones de su país, lo cual deja ver que las reuniones, mensajes de respaldo y demás elementos del despliegue pro-trumpiano de los nuestros no pasaron desapercibidos en el gobierno norteamericano.

Ahora, es claro que esta movida ni suma ni resta en los resultados electorales - a propósito de los cándidos debates que han promovido algunos medios locales sobre la capacidad del país de “poner presidente en la Casa Blanca” (es verdad, lo han hecho). Sin embargo, en cualquiera de los dos escenarios posibles, las implicaciones de esta decisión son bastante cuestionables.

Si gana Trump, los apoyos colombianos en poco beneficiarán al país. Rápido olvidamos que, hace un par de años, el presidente norteamericano amenazó con descertificar a Colombia por el aumento en los cultivos ilícitos y que, al referirse a Iván Duque, dijo “es un buen tipo (...) pero no ha hecho nada”. Difícilmente esta apreciación cambie gracias a la lealtad incondicional y vergonzosa de nuestros representantes.

Esto revela no solo ingenuidad, sino también desconocimiento sobre la forma en que Trump trata a sus aliados (¿alguien recuerda las actitudes hacia Corea del Sur, Ucrania o los kurdos en Siria?), así como su desdén por honrar acuerdos (Paris, NAFTA, Plan de Acción Integral Conjunto, Otan, y un largo etcétera). Pero seguramente, esperan los nuestros, que en el caso de Colombia Trump haga concesiones al país a cambio de unos cuantos votos en la Florida. ¿Es posible tanta inocencia?

Ahora, en caso de que gane Biden, el escenario es bien diferente. Primero, porque, contrario a Trump, el candidato demócrata conoce bien la región, producto de su trabajo en Centroamérica sobre el problema migratorio, su papel en la aprobación del Plan Colombia, sus estrechas relaciones personales con líderes latinoamericanos y sus múltiples visitas a varios países. Hay quienes incluso mencionan la “obligación moral” que Biden afirma debe tener Estados Unidos por el destino de la región.

Grave error, entonces, no solo el involucramiento en la política electoral estadounidense, sino, además, apostar abiertamente contra el candidato que, a diferencia del presidente actual, considera que los problemas de la región requieren un esfuerzo de cooperación, completamente lejano a la actual mirada aislacionista que prevalece en la Casa Blanca. Es decir, le apostamos a una eventual relación de cooperación empezando con el pie izquierdo.

La decisión de apoyar a Trump es riesgosa en los dos escenarios posibles. Poner primero el interés nacional serviría para que el país evitara este tipo de errores estratégicos.