¿El modelo equivocado?

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El fin de semana pasado nuevamente quedaron expuestas las posturas de los líderes globales sobre la política internacional: el multilateralismo que impulsan la mayoría de los países de occidente, y el aislacionismo que viene liderando Estados Unidos desde hace un par de años. La balanza pareciera inclinarse cada vez más en la dirección aislacionista, con riesgos crecientes a nivel global y en la región.

El escenario fue la Conferencia de Seguridad de Múnich, que pasó de ser un espacio en el que los hacedores de política en occidente tradicionalmente se encontraban para renovar sus iniciativas, a convertirse en una arena de confrontación de visiones opuestas.

La defensa del multilateralismo fue liderada por la canciller alemana, Ángela Merkel, quien cuestionó las decisiones de Rusia y Estados Unidos de abandonar el acuerdo nuclear, así como el retiro unilateral de las tropas de este último de Siria y Afganistán. Más importante aún, llamó la atención sobre el riesgo inminente en el que se encuentran las instituciones multilaterales creadas para evitar colapsos globales como el de la segunda guerra mundial.

La posición aislacionista, por su parte, estuvo en cabeza del vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, quien afirmó que con la política internacional actual de su país, la seguridad y el futuro de la alianza trasatlántica están garantizados, por lo que invitó a los demás países de occidente a respaldarla.

Específicamente, pidió apoyo a sus políticas en tres frentes: la relación con Irán luego del abortado acuerdo de desarme nuclear y los intereses de este país en retomar su proceso de rearme, el controversial rol de Huawei en occidente y la actual crisis política en Venezuela.

Y es allí, en la solicitud de apoyo a las políticas del gobierno de Estados Unidos, donde el enfoque aislacionista muestra grandes fallas. Pence no habla de concertar políticas, acordar iniciativas, ni mucho menos construir instituciones multilaterales orientadas a contener los problemas señalados. Pide que sus aliados históricos simplemente se sumen a las iniciativas de Washington.

Como si los retos que enfrenta el mundo en este momento se pudieran abordar desde la óptica aislacionista que busca defender; y como si fuera tan fácil respaldar a ciegas las iniciativas de un jugador que ha renegado de los acuerdos pactados, que ha atacado a sus aliados y que ha generado incertidumbre en todos los escenarios internacionales.

Adicionalmente, el enfoque aislacionista parte de la premisa errada de que con él se pueden abordar problemas tan complejos como el terrorismo y el crimen organizado trasnacional, el cambio climático, las olas de refugiados de las guerras de Siria, Afganistán y África, los migrantes en Centroamérica o las amenazas nucleares. Un modelo que pudo haber sido útil hace muchas décadas hoy pierde total relevancia de cara a los problemas que enfrenta el mundo moderno.

Pero se sigue rechazando el multilateralismo porque hoy, para algunos, es mejor jugar sin reglas, sin compromisos, sin honrar acuerdos. Esa es la apuesta actual de los principales jugadores globales.

Mientras tanto, de este lado del mundo se confunde el multilateralismo invocando un llamado “cerco diplomático”, convertido en mantra para evadir preguntas sobre el envío de tropas estadounidenses a territorio colombiano; iniciativa a todas luces unilateral, ¿o acaso hay un acuerdo al respecto?

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