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Analistas 11/10/2025

Nobel para María Corina: su resistencia civil

Juan Pablo Liévano Vegalara
Exsuperintendente de Sociedades

Kristian Berg Harpviken, secretario del Comité Noruego del Nobel, cumplió la misión de llamar a María Corina Machado para informarle que le había sido otorgado el Premio Nobel de Paz. La llamada telefónica es emocionante por el momento histórico, la sencillez y calidez de Harpviken y la espontaneidad y humildad de María Corina. El Nobel le fue concedido por su trabajo en la promoción de los derechos democráticos y su lucha por lograr una transición pacífica de la dictadura a la democracia en Venezuela.

Este premio, otorgado a María Corina, y al movimiento que ella representa, demuestra que el liderazgo moral -en la oposición y en el ejercicio del poder- es fundamental. Los pueblos, al final del día, no responden a los abusos del poder, ni a los discursos vacíos o a las violaciones de los derechos humanos. Finalmente, el orden, el ejercicio legítimo de la fuerza, la libertad, la economía de mercado y la democracia liberal terminan siendo la respuesta para la paz y el bienestar de las naciones.

El Comité del Nobel, además de premiar el coraje de la resistencia civil, envía un mensaje directo: la democracia es condición indispensable para una paz duradera. Desde el punto de vista práctico, no cabe duda de que el Nobel de Paz le otorga a María Corina un aura adicional de prestigio, e incluso de protección, lo que hará difícil que la dictadura la siga persiguiendo o le “eche mano”. También ejerce mayor presión sobre Maduro y los áulicos del régimen, para que avancen hacia un sendero democrático, y sobre los gobiernos cómplices -como el petrista- para que dejen de validar y apoyar a una dictadura.

Por otro lado, desde la perspectiva colombiana, el otorgamiento del Nobel a María Corina nos invita a reflexionar sobre nuestra situación política y sobre el futuro. Hace unos años, el pueblo venezolano optó por elegir a un zorro para que manejara el gallinero. Eligió a Chávez, un potencial dictador antidemocrático, como Presidente. Al final, como lo vaticinaban algunas voces -entre ellas la del expresidente Carlos Andrés Pérez-, se asaltó la democracia desde la democracia. Chávez, un golpista con ínfulas de dictador bananero, no solo destruyó la democracia, sino que se perpetuó en el poder con el más incompetente de sus lugartenientes: Nicolás Maduro, personaje que completó la captura total del Estado venezolano en perjuicio de todo un pueblo.

Y acá, una mayoría de colombianos -algunos fanáticos y muchos despistados-, estando advertidos, hicieron lo mismo: eligieron al zorro para manejar el gallinero. Eligieron a un exguerrillero con ideas trasnochadas y fracasadas, un potencial dictador, como presidente. Una persona indigna y busca pleitos, que persigue a la oposición y a los empresarios, que no respeta a las cortes, ni la separación de poderes, y que quiere asaltar la democracia para satisfacer sus egos personales.

Espero que la suerte de Colombia no sea la de Venezuela, y que no tengamos, dentro de unos años, un Nobel de Paz por la resistencia civil. Espero que los despistados entiendan que elegir dictadores potenciales o exguerrilleros marxistas-leninistas como presidentes es la fórmula del fracaso y equivale a permitir que el zorro maneje el gallinero.

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