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Pronto decidiremos quién será el próximo Presidente. Es una responsabilidad grande y, antes de elegir, además de los programas de gobierno, deberíamos pensar en abstracto sobre las calidades y cualidades que debería tener un Presidente. Es parecido al análisis que hace una compañía cuando buscan un CEO, es decir, un candidato que reúna las condiciones personales y profesionales que hagan posible la materialización de la estrategia y el desarrollo adecuado del negocio. Así, deberíamos pensar en las condiciones profesionales y personales del futuro Presidente, sin descartar, por supuesto, los factores relacionados con el sustrato ideológico que definan el rumbo y modelo de país.
En un estado social de derecho, considerando que el Presidente es Jefe de Estado y de Gobierno, el rol demanda conocimientos específicos y ciertas condiciones intrínsecas personales y profesionales. En el ámbito empresarial, son los valores fundamentales, las competencias técnicas y las habilidades blandas. Los primeros son aquellos que componen el tuétano fundamental de lo que define a esa persona y hace posible que tenga buen criterio o claridad entre lo bueno y lo malo, lo adecuado y lo inadecuado o entre lo legal y honesto y lo ilegal y deshonesto. Es, al fin y al cabo, lo que define si es una buena persona y su diligencia de buen hombre de negocios o Jefe de Estado.
Las segundas se relacionan con el conocimiento y la experiencia. En este sentido, es indispensable tener recorrido y bagaje. En otras palabras, que no se llegue a aprender, sino haber contado con un camino recorrido que garantice el conocimiento de la economía, la política, el Estado, los problemas y las necesidades de los ciudadanos y la forma en que funcionan y se engranan las instituciones.
Como dirían las abuelas: “que le quepa el país en la cabeza”. En el ámbito empresarial, es lo que señalan los expertos de gobierno corporativo como la especialidad, es decir, el conocimiento académico y la experiencia específica de la industria o el negocio. Las terceras, las habilidades blandas, son las destrezas de comunicación, relacionamiento, inteligencia emocional y liderazgo, entre otras. Un presidente, como un CEO, no gobierna solo, por lo que son de suma importancia las habilidades de crear, dirigir y motivar equipos de trabajo, contando siempre con el mejor talento. Igualmente, se requiere tomar decisiones, muchas veces difíciles, ceder y concertar, por lo que la inteligencia emocional es fundamental para guardar la calma y contar con una cultura de trabajo en equipo, respeto, comunicación y buen trato.
Al final del día, si confluyen los valores fundamentales, las competencias técnicas y las habilidades blandas, se puede ser un verdadero hombre de Estado, que tomará decisiones siempre pensando en el largo plazo, en beneficio del país y sus ciudadanos, y no de mera coyuntura por las necesidades de Gobierno. Una vez se surtan las consultas, podremos mirar con mayor detalle a cada candidato, su programa y equipo de gobierno y, sobre todo, si cuentan con los valores fundamentales, los conocimientos técnicos y las habilidades blandas que se requieren para manejar el Estado en el mejor interés del país y todos sus ciudadanos.
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