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En medio de un escenario de tensión geopolítica mundial, producida por las importantes agresiones mutuas entre Estados Unidos e Irán, las infortunadas restricciones existentes en el Estrecho de Ormuz para el cruce de buques petroleros y las limitaciones que existen para que cerca de 20% del petróleo pueda transitar por el golfo Pérsico con destino a Asia y al resto de mercados del mundo que demandan petróleo, Emiratos Árabes Unidos anunció su retiro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, Opep y Opep+.
Este hecho, además de ser un hito histórico en esta organización creada desde 1960 en la Conferencia de Bagdad por Irak, Irán, Kuwait, Venezuela y Arabia Saudita, con el propósito de controlar el precio del crudo a través de la concertación de cuotas de producción para cada uno de los países miembros, abre un debate a futuro sobre la estabilidad que pueda tener esa organización.
Recordemos que desde 1962 esta organización, con sede en Ginebra, Suiza, durante los primeros cinco años y posteriormente ubicada en Viena, Austria, sería reconocida con legitimidad por Naciones Unidas. Desde sus inicios, dos años antes, fue pensada como un cartel internacional con el propósito de mantener convenientemente estable y alto el precio del crudo, a través de la definición de las cuotas de producción de los países miembros.
Esta organización surge como respuesta a la presencia de las “siete hermanas”, a saber: Standard Oil of New Jersey (Esso), Anglo Iranian Oil Company, AIOC), que años después sería BP, Standard Oil of New York (Socony), Gulf Oil, Standard Oil of California (Socal), Texaco y Royal Dutch Shell. Tres de estas siete empresas serían compañías escindidas producto de la aplicación de la Ley Sherman de Estados Unidos, una de las primeras leyes antimonopolio en el mundo, frente a lo que en su momento representó Standard Oil, de propiedad de Rockefeller.
De esta manera, la Opep, durante muchos episodios de su historia, tendría la capacidad de controlar de forma efectiva el precio del crudo a través de la determinación de cuotas de producción. Esto es, en palabras muy sencillas y siguiendo a la mayoría de los libros de texto de economía, un claro ejemplo de un cartel internacional de un energético vital en el mundo.
Transcurridas las décadas, y con los hallazgos offshore de Estados Unidos y la implementación del fracking en la extracción de crudo, llegaría 2015 y el muy importante descenso del precio del petróleo ante la imposibilidad de la Opep de detener ese exceso de oferta observado. La mejor respuesta que surgiría sería justamente la necesidad de repensar la organización y, de esta forma, se concebiría la Opep+, entendida como una organización con 13 países miembros y una decena de países aliados, dentro de los cuales Rusia sería uno de esos países que integraría esa decena en mención.
Así, y con 66 años de operación de la Opep, la salida de Emiratos Árabes Unidos, que desde 1967 habría participado activamente en esta organización (incluso tres años antes de haberse reconocido como Estado nación), impone un gran desafío en la dinámica de formación de precios del petróleo en el mundo.
Solo para darle alguna referencia al lector, recordemos que a la fecha Estados Unidos tiene una capacidad de producción que oscila entre 18 y 20 millones de barriles día, seguida por Arabia Saudita y Rusia, cada uno con 10,5 millones de barriles día, lo que contrasta con un país como Emiratos Árabes Unidos, con una producción de más de cuatro millones de barriles día y una gran importancia en materia geoestratégica, al ser un país con el oleoducto Habshan-Fujairah, que permite conectar la producción de Abu Dhabi con el puerto de Fujairah, puerto que permite esquivar cualquier dificultad de tránsito por el Estrecho de Ormuz, haciendo de esta manera que la exportación de crudo de ese país no dependa de forma tan marcada del conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Es esta situación la que permite reconocer que, al día de hoy, llevamos más de un mes con una Opep debilitada por la salida de su cuarto integrante más importante y que, si bien los efectos de este hecho aún no se aprecian directamente sobre el precio del petróleo por la tensión aún vigente en Medio Oriente, sí es un punto crucial para hacer seguimiento, no solo al precio de un energético que aún sigue siendo fundamental para el desarrollo económico mundial, sino para entender la manera como una organización con más de 60 años de trayectoria se ve fuertemente desestabilizada con la ausencia de Emiratos Árabes Unidos.
Para Colombia, si bien es una noticia muy importante en materia energética, hoy más que nunca termina siendo significativa, toda vez que, ante la pérdida de soberanía energética del país, producto en gran parte de una serie de decisiones desafortunadas de este Gobierno, nuestra economía se torna más vulnerable frente a las fluctuaciones del crudo y, por supuesto, de un producto conexo como lo es el gas. Ojalá que en el mediano y largo plazo podamos observar un mercado mundial de crudo con más competencia y precios cada vez más asequibles para países que, como Colombia, al menos en el corto plazo, han perdido de forma importante su soberanía energética por malas decisiones y falta de gerencia en el país.
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