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Tribuna Universitaria 02/12/2022

Un Mundial distinto

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Sin mayores novedades ha transcurrido el mundial de Catar a pesar de las duras críticas de grupos progresistas occidentales y de los mismos equipos que están participando; el mundo deportivo ha primado sobre lo político y la gesta deportiva se está disfrutando por parte de asistentes y fanáticos del fútbol.

La elección de Catar como sede del Mundial no causó revuelo hasta que ellos, un país musulmán, impusieron sus reglas si querían ser visitados; en primer lugar, el turista debía acostumbrarse al uso del burka por parte de los musulmanes; prohibieron manifestaciones de afecto entre personas del mismo sexo, emitieron un código de vestimenta para evitar problemas, prohibieron el consumo de alcohol al interior del estadio y lugares públicos y exigieron la Hayya un papel difícil de llenar y expedido por el Ministerio del Interior del país, el cual funciona casi como una visa, indispensable para entrar al país y participar casi de cualquier actividad dentro de él.

Empresas patrocinadoras también se vieron envueltas en dicho dilema, celulares Vivo llevaba patrocinando el mundial en dos certámenes, y se arriesgaron a mantenerse e incluso lanzar un nuevo celular al compás de un DJ tocando en los entre tiempos y al finalizar los partidos; no se sabía cómo iba a salir la celebración sin una gota de alcohol; y allí entra también Budweiser; pagaron una vez más la exclusividad pero cerveza sin alcohol fue la única que se pudo vender durante los partidos en el estadio, con alcohol únicamente en el Fan Fest y hoteles autorizados; esta decisión seguro les trajo millonarias pérdidas pero al final la terminaron aceptando: empresas patrocinadoras, equipos e hinchas se sometieron a las reglas.

Y las celebraciones durante los partidos y después de ellos han transcurrido con normalidad, seguro sin la misma euforia pero sin faltar también alegría.

Occidente está acostumbrado a que sus ideas se terminen imponiendo y a veces con la violencia han intentado someter a los demás con su punto de vista; los derechos humanos como conquista, han traído grandes avances en la protección de los más débiles, pero resulta más complicado cuando no se comparte la misma cultura y mucho menos una visión del mundo parecida. La Burka que tanto ofende a los occidentales, es un motivo de orgullo; al visitar Doha se puede ver esculturas de la prenda y el museo de historia musulmana en la ciudad tiene la forma de dicha máscara; son distintos, y el irrespetar sus creencias porque no son iguales a las de occidente también es una forma de discriminación.

Lo cierto es que los hinchas y visitantes se adaptaron rápido a las reglas, las noticias de las restricciones pasaron y hoy tanto los que viajaron como los que lo ven por televisión lo disfrutan; el intercambio cultural que traen estos certámenes es un aprendizaje para todos; en más de 1.500 años de convivencia ha sido difícil establecer lazos con la cultura musulmana, pero el capitalismo y el fútbol algo han logrado.

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