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Todos pierden

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Juan Manuel Nieves R.

Se completan ocho días de paros en todo el país, las marchas y el vandalismo no cesan y ya comienza a haber pérdidas humanas. Distintos sectores realizan diversos reclamos y el Gobierno trata de, al menos, oír las reclamaciones; es difícil que se llegue a un buen acuerdo; mientras tanto la clase trabajadora es la que más sufre.

Las marchas son un derecho adquirido por la humanidad, con ellas se ha logrado importantes conquistas sociales, pero el vandalismo es un simple acto de terrorismo urbano que, mediante el daño de la propiedad privada, intenta dejar un mensaje de decadencia y maldad. Estas marchas se han caracterizado por su multiplicidad de requerimientos; de hecho, en entrevistas realizadas por los medios tradicionales, muchos de los marchantes no saben muy bien cuál es el sentido de la marcha.

Debido a ello los requerimientos son muy distintos y a veces descabellados; algunos pretenden subir el salario mínimo un 25%. Otros, acabar con el Esmad y hasta una inversión en educación, cuando este Gobierno ha hecho la mayor inversión en aquella, sin precedente alguno. Todo este caos lleva a una conclusión: las marchas, más que requerimientos, en el fondo desean un cambio de Gobierno. Pero la culpa no es solo de los marchantes; la actual Presidencia se tarda en responder, no nombra voceros adecuados y, sobre todo, en el día a día se siente una falta de dirección que termina por perder el apoyo hasta de su propio partido.

Esta situación, en la que todos pierden, afecta de manera especial al comercio; según Fenalco, las pérdidas diarias ascienden a $50.000 millones y 34.000 empleos directos e indirectos; eso sin contar las pérdidas en infraestructura, que solo en Bogotá se contabilizan en $20.000 millones hasta el momento. Pero las mayores pérdidas son humanas y morales; van contados más de 350 policías heridos, un par de ellos de gravedad, un estudiante muerto y una sociedad enfrentada. En días pasados, con la invasión de vándalos a los conjuntos, varias personas entendieron que ante el peligro es inútil llamar a Batman o a los Avengers, ellos mismos tuvieron que defender sus vidas y sus propiedades y los policías que tanto criticaban fueron recibidos con aplausos al llegar e intentar restablecer el orden perdido.

Colombia está viviendo una situación en la cual todos pierden: el comercio, el Estado, los gremios, los estudiantes y los trabajadores, que con las vías bloqueadas y los sistemas de transporte vandalizados se ven obligados a largas caminatas.

El Gobierno no puede empezar a ceder en las irrisorias demandas; debe aprender de las lecciones de su vecino chileno que comenzó a acceder a todas las pretensiones, aquellas se volvieron imposibles y hoy los saqueos siguen; la gente quiere sentir gobierno, un norte para el país y mejores voceros que defiendan unas banderas por las cuales fue elegido; se necesita un mensaje contundente y una mano firme que guíe el timón en estas aguas turbulentas del desorden.

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